Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

lunes, 27 de junio de 2016

No eres tan cobarde

Escrito con la cabeza en la media cancha y el corazón en la banca

No eres un cobarde. A mí también me pasó por la cabeza, hasta que lo hice. A mí también me pasó que veía el futuro tan negro que quería huir. Y también me quedé. Y lo vi todavía más negro. Decidí renunciar, aunque doliera.
A veces me despierto como tú te vas a despertar. A media noche, a media mañana y a media tarde. Me acuerdo de ese "decidí" y me arrepiento. Y me arrepiento no porque no sea feliz. Como te pasa a ti, el escenario era perfecto, la situación, los personajes, ¡todo era ideal! Todo menos el pasado, el presente y el futuro. 
Y entonces asumes que no hay forma. Te criticas, te evalúas, te juzgas hasta descubrir todos los defectos que tienes, y ninguno es más fuerte que lo que sientes, lo que quieres, lo que sabes que puede ocurrir en cualquier momento. Y el momento no llega. 
Continúas intentándolo. Lo haces de todas las formas que conoces. Te llenas de paciencia y de calma. Y el momento no llega. A veces fallas tú y a veces el rival simplemente es un poco mejor, o tiene más suerte. 
Sucede que te resignas. Lo piensas mucho. Lo hablas y escuchas el "si te está haciendo daño no es para ti". Así es que después de llamarte a ti mismo cobarde y de disculparte y retractarte una y otra vez, asumes que lo mejor es huir.
Cuando por fin lo logras, lo haces oficial y empieza tu duelo, te cuestionas si fue lo mejor. Las mismas preguntas una y otra vez. Se vuelve cíclico. Ahí es cuando empiezas a despertarte con lágrimas y reproches a media noche, a media mañana y a media tarde.
Sucede que cuando lo crees superado descubres que eso a lo que renunciaste vive una realidad increíble. La que soñabas vivir. Empiezas, con el corazón en la mano, a reconocer que no fuiste un cobarde.

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