Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Asumir

Asumir sin autoflagelarse
Sin romperse la piel
Sin carcomerse la mente

Asumir sin ser suicida
Sin golpearse para sentir dolor
Sin rasgarse para probar la sangre

Asumir sin sufrir
Sin llenarse de lágrimas
Sin reclamarse

Asumir el sol sin deslumbrarse
La lluvia sin mojarse
El aire sin llenarse de polvo

Asumir el ego sin llenarse
La frustración sin odiarse
Asumir sin hundirse

miércoles, 26 de octubre de 2016

Tormenta

Ahí viene la tormenta
La nube es más gris que la vez anterior
Estoy parado contemplándola
Con miedo a mojarme
Sin moverme

Sé que el viento será fuerte
Amenazará con arrastrarme
Tal vez termine en el suelo
Pero sigo ahí

No puedo vencerla
Me gritan que corra, que me aleje

Me hará daño
Puede ser peor que la última vez

El aire se siente cada vez más frío
Ni siquiera traigo un impermeable
Su fuerza me arranca la ropa

Empiezo a empaparme
El agua es tibia y me ilusiono
Esta vez puede ser diferente
Me olvido del gris oscuro de las nubes

Grito de alegría por el agua tibia
El sol coquetea con asomarse
Y me ilusiono más
¡Gané, gané!

El viento retoma su fuerza
El agua se enfría
La tormenta se pone cada vez peor
Me asusto, recuerdo las amenazas

Ahora el aire ataca con más furia
Va directo a mi pecho desnudo
Abro las piernas
Me muevo hacia atrás

La lluvia se transforma en granizo
Golpea con fuerza mi cabeza
Me desconcierta, no puedo pensar
Mi piel se llena de marcas rojas
No tengo fuerza ni sentido para moverme

Caigo
Hay demasiada agua
Estoy acostado en un piso cada vez más inestable
Intento levantar la cabeza
El nivel del agua aumenta vertiginosamente

Nadar es la única forma de salvarme
Pataleo y mis pies se lastiman
Aviento brazadas y la piel de los nudillos se pela
Levanto la cara y el aire lleva agua a mis ojos

Poco a poco pasa la tormenta
El agua sigue ahí
No lo noto y sigo nadando
Llego a la orilla
Me sostengo y recupero la postura

Me prometo que no volverá a pasar
Que no volverá a seducirme ninguna nube
Entonces el cielo vuelve a tornarse gris
Y el aire a sentirse más húmedo que antes...

lunes, 27 de junio de 2016

No eres tan cobarde

Escrito con la cabeza en la media cancha y el corazón en la banca

No eres un cobarde. A mí también me pasó por la cabeza, hasta que lo hice. A mí también me pasó que veía el futuro tan negro que quería huir. Y también me quedé. Y lo vi todavía más negro. Decidí renunciar, aunque doliera.
A veces me despierto como tú te vas a despertar. A media noche, a media mañana y a media tarde. Me acuerdo de ese "decidí" y me arrepiento. Y me arrepiento no porque no sea feliz. Como te pasa a ti, el escenario era perfecto, la situación, los personajes, ¡todo era ideal! Todo menos el pasado, el presente y el futuro. 
Y entonces asumes que no hay forma. Te criticas, te evalúas, te juzgas hasta descubrir todos los defectos que tienes, y ninguno es más fuerte que lo que sientes, lo que quieres, lo que sabes que puede ocurrir en cualquier momento. Y el momento no llega. 
Continúas intentándolo. Lo haces de todas las formas que conoces. Te llenas de paciencia y de calma. Y el momento no llega. A veces fallas tú y a veces el rival simplemente es un poco mejor, o tiene más suerte. 
Sucede que te resignas. Lo piensas mucho. Lo hablas y escuchas el "si te está haciendo daño no es para ti". Así es que después de llamarte a ti mismo cobarde y de disculparte y retractarte una y otra vez, asumes que lo mejor es huir.
Cuando por fin lo logras, lo haces oficial y empieza tu duelo, te cuestionas si fue lo mejor. Las mismas preguntas una y otra vez. Se vuelve cíclico. Ahí es cuando empiezas a despertarte con lágrimas y reproches a media noche, a media mañana y a media tarde.
Sucede que cuando lo crees superado descubres que eso a lo que renunciaste vive una realidad increíble. La que soñabas vivir. Empiezas, con el corazón en la mano, a reconocer que no fuiste un cobarde.

jueves, 25 de febrero de 2016

Me equivoqué

Vos me dijiste que yo no me había equivocado. Que era la situación, no tú, ni yo; era el maldito contexto. Recuerdo perfectamente la primera vez que pensamos en seguir o en detenernos. Vos soltaste que si me dejabas ir dejabas ir a lo mejor que te había pasado en el año. Yo no me quería ir, pero estaba asustado. Y no me fui en ese momento. Y acepté enamorarme. Y me confesaste que vos lo estabas haciendo también. Me lo creí.
No digo que vos me mintieras. Nunca pienso que vos me hayas mentido. Me dejé llevar por esa sensación tan increíble. Sé que suena a choro vil, a ese que algunos hijos de puta usan para coger, pero vos has sido la mejor persona a la que besé. Vos lo tenías tienes todo; por lo menos todo lo que sin saber estaba buscando.
¿Viste que tardé más de un año en volver a sentir algo como lo que siento sentí por vos? Y de nuevo -la concha de su madre- no se trata de un choro vil para coger. Por primera vez en un montón de tiempo acepté enamorarme. Decidí que con vos valía la pena entregarme por completo, sin esperar nada, -¿a quién putas engaño?, ¡claro que esperaba algo!, ¡ser pinches correspondido!, pero no lo esperaba, porque uno no espera lo que cree que ya está- y me entregué por completo.
Y me la jugué por unos días. Está claro que había señales de que fácil no iba a ser; pero, ¿qué situación que valga la pena es fácil? Estaba claro que romperla con vos no iba a serlo. ¡Tenía tengo demasiado en contra! Pero decidí jugármela unos días más.
Cuando vi que la cosa podía no dar para más quise dejar de ser egoísta, soberbio y recién me doy cuenta que acabé siendo aún más egoísta, soberbio y encima cobarde. Y no te confundas, no va de autoflagelarme. Se trata de entender que me equivoqué. Que hace un montón de tiempo me banqué a quien no valía la pena esperando que valiera la pena. A vos que valías la pena -y que tenías tienes menos problemas- no me atreví a bancarte demasiado por miedo a no poder manejar la situación.
No me culpo por completo. Cuando uno es primerizo en algo es normal que no lo sepa manejar. Con vos estaba poniendo el riesgo el laburo y la estabilidad que por fin estaba logrando. Pero conforme pasa el tiempo me doy cuenta que el laburo y la estabilidad no se iban a ver demasiado afectados si te seguía bancando.
A cambio decidí salir corriendo para protegerme. Mirá nomá' la ironía. Acabé dañándome por escapar de ti. Por la puta falta de valor para afrontar una situación desfavorable y convertirla en esa base de la cual íbamo' a partir para romperla juntos. Sí, juntos. Vos eres eras tan especial, tan importante que con vos se trataba de romperla juntos, de hacer esas cosas bárbaras que se hacen una o dos veces en la vida.
Pero me faltó valor y aunque duela -y mucho- aceptarlo -la concha de su madre- me faltó hombría también para ser el soporte que necesitabas. Porque cada vez que vos te bajoneabas, en lugar de ser ese roble en el cual te sujetas cuando el río va con todo hacia abajo yo me iba con vos y los dos terminábamos tirando las manos arriba para no ahogarnos. Entonces -lógico- nos cuestionábamos si valía la pena seguir nadando.
Lo más triste del asunto -e insisto. no creo que mintieras- es que vos no resultaste tan enamorada como parecía que empezabas a estarlo. Y no te culpo -la concha de su madre- porque el que yo me alejara incluyó -por defecto- que dejara de hacer esas cosas que a vos te hacían sentir cosas increíbles adentro y por consecuencia te hacían tirar esas sonrisas y esos ojos, y esos abrazos y esos besos que sólo generaban aumento de ese bienestar que los dos compartimos hace tiempo. Y aclaro que es pasado porque eso ya no pasa más.
Admito que cada vez que te miro me doy cuenta que de mi parte no cambió una mierda. Sigo sintiendo las mismas cosas que la primera vez que te miré. Esa maldita atracción. Y sigo pensando lo mismo que pensé conforme nuestras charlas se daban: vos sos la mujer perfecta para mí, sos eso que sin saber busqué por tanto tiempo y capaz eso no cambia nunca.
Esta vez es distinto. Pasa que nunca me pasó eso con nadie. Con ninguna persona me vi tan a futuro -algo más que la próxima semana o cuando me vaya a otra ciudad- como con vos. Y lamento que para que eso pasara tuvieran que pasar como más de tres meses.
Vos capaz me vez como ese amor efímero que llegó, dejó sonrisas, besos y se fue. Y te queda ese recuerdo. Para mí es distinto. Nunca sentí cosas tan increíbles por alguien de quien estuve estoy alejado más tiempo de lo que duré a su lado.
Y hoy miro algo mucho más triste. Más que una sensación de que ya no me quieres como antes -porque me lo aclaraste- lo que noto es una brecha cada vez más ancha y más profunda. Algo que no me va a permitir verte siquiera como una amiga o un recuerdo increíble. Más bien como ese "me equivoqué" que no sé cuánto tiempo va a durar.
Lo lamento. Vos no eras eres la persona a la que uno debe dejar escapar o de la que uno debe escapar sin antes agotarlo todo. Me equivoqué.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Miedo


Escrito más con la cabeza
que con el corazón

Acá todo son ciclos. Lo que vale es ser capaz de identificar cuando estás entrando en la fase de alguno. Se trata de saber qué carajos sigue para saber cómo reaccionar. Y acá pasa que la fase que se viene no la viví desde que era un puberto. Y no me gusta.
Recién a los 17 decidí que lo mejor era mandar el miedo a la mierda. Que estaba joven. Las presiones se terminaban con la preparatoria y de acá en adelante era yo quien iba a decidir lo que quería. Era menor, pero podía hacer exactamente lo que me hiciera feliz. Y así fue. Me arriesgué siempre.
De repente me di cuenta de que uno no puede andar por la vida con las heridas frescas. La sociedad te dice que llorar está mal. Que sólo vayas al hospital cuando estés a punto de morir y necesites un puto milagro. 
Decidí seguir esa maldita norma. Si me caía no importaba que me limpie las lágrimas a cada rato, que revisara la herida para ver si no se estaba infectando. No podía parar. Tenía que seguir corriendo más o menos al mismo ritmo. Corriendo y gritando. Al mismo tiempo ir viendo las piedras para no volverme a tropezar. Todo a máxima velocidad. Ahora que lo pienso, coincide bastante con mi modo de ver la vida. Intensidad y pasión me metí en la cabeza a los 15 o 16. ¡Qué putas importa! Era un adolescente buscándose en la computadora de sus padres.
Y recién empecé a ver que hay heridas profundas que nunca se te van a olvidar. Seguro que te las hiciste tú mismo por no ver por dónde pinches putas corrías. Por andar en el puñetero sendero donde las piedras son redondas, pero igual te lastimas si no miras por dónde andás. Encima tengo el maldito pie plano. Caer siempre es cuestión de tiempo. 
Y es tan fácil hacerse tonto. Seguir esa norma de no parar aunque duela. De arriesgarse sin importar las consecuencias. Como un fantasma el miedo se acumula. De tanto ignorarlo, se harta hasta que se manifiesta. Es cuestión de tiempo.
Uno entiende y explica cada que inicia un nuevo ciclo que recién lo lastimaron. Nunca, nunca lo pone de pretexto. Se mentaliza. Decide arriesgarse. No puede ser peor que la vez pasada. No me pueden joder más, ¡a la chingada!
Y todo va bien. Al arranque te sientes increíble. Otra historia, otra manera, otro aprendizaje. Hasta que el puto fantasma se manifiesta. Y tienes miedo.
Y te resistes a caer. Prefieres no mirar la realidad. La evades de mil formas. Es sólo mi percepción. No está pasando nada. Acá todo va bien. Al rato se pasa el mal rollo. 
Y pasan las horas. Y el miedo se hace más grande. Se mezcla con decepción. Se vuelve frustración. La respiración se acelera. El corazón late más fuerte. No es adrenalina. Es desesperación. Buscas sacarla de cualquier manera. Golpeando, saltando, gritando. Lo haces y no pasa nada.
Hasta que te calmas. Aceptas que lo mejor es salir corriendo. Por primera vez le dices que sí al miedo. Te vuelves parte de él. Sabes que hay frustración en medio. La aceptas también. Buscas los porqués y no los encuentras. 
No hay lágrimas porque no hay amor. Es sólo frustración, esa que siempre llega de la mano con el miedo...