Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

jueves, 23 de julio de 2015

Entre la ética y el juego limpio

Escrito con un balón en la cabeza

¡Cuánto trabajo cuesta separar lo que sucede adentro y lo que ocurre afuera! La de anoche fue de las veladas más complicadas que tuve como profesional. Empezó con mucha ilusión y acabó siendo algo bastante desagradable. Tenía en mente que fuera de esas que no se olvidan. Que se recuerdan eternamente con una sonrisa porque todo salió bien. Porque la historia es digna de guardarse para contársela a todo el mundo.
No ahondaré en detalles. A los periodistas nos encanta hablar de lo que pasa afuera y mantener como secreto de estado lo que sucede adentro de las redacciones. Guardamos esos secretos celosamente. Quien se atreve a desafiar esa ley no escrita merece ser desterrado. Bien dice Miguel Ríos que pocas cosas hay tan humanas como la contradicción.
La exigencia acá suele ser máxima. Los errores son vistos como la perdición. Una historia mal llevada, una cobertura mal vestida es algo espantoso. A veces, como los porteros, los periodistas no nos concentramos en hacer algo increíble, preferimos no equivocarnos y evitar un gol en contra. En fin, no seguiré con más detalles. Iré al grano de lo que realmente quiero contar.
El golpe que se dio anoche fue doloroso. No lo alcanzó a procesar todavía. Me cuesta mucho entender la trascendencia que está teniendo y las reacciones que se generaban al momento. Me cuesta creer que se haya jugado tan mal teniendo uno más en la cancha. Que el mejor jugador mexicano parezca insistir en el porqué no se le debió llamar. Y me cuesta más entender lo que realmente quedará para el recuerdo.
Está claro que no fue penal. Pero, ¿alguien se atreve a asegurar que Andrés Guardado lo sabía? ¿Alguien se atreve a ponerse en sus zapatos? Si lo fallaba, los defensores del juego limpio lo habrían aplaudido hasta sangrar de sus palmas. El resto habría comenzado con teorías de conspiración. Más de uno habría asegurado que se trataba de una traición al Piojo. Aquel que lo hizo capitán deja el puesto por su culpa. Los peores, se habrían rasgado las vestiduras hablando de que el grupo le tendió la cama al entrenador. Insisto, ¿de verdad sabía Guardado que el penal había sido mal señalado?
Seguro se hablará de Miroslav Klose y el disparo que falló adrede siendo jugador del Werder Bremen. Sí, pero hay una diferencia MUY clara. A Klose lo tocaron y él sabía que no había falta, a Guardado no. No sé si estaba muy cerca o muy lejos de la jugada, pero normalmente el cerebro no logra grabarse esas imágenes que transcurren en décimas de segundo. 
No se trataba de celebrar el gol, de que todo el país lo cantara. Tampoco de acuchillar a un futbolista. Mucho menos viviendo en este país. 
¿Quién -incluyéndome- se precia de jamás haberse pasado una ley por el arco del triunfo? ¡Carajo! Vivimos en el país donde se aplaude al mañoso y no al respetuoso. Aquel que camina por donde claramente dice "No pase" para llegar más rápido al andén y que no lo deje el metro. Vivimos en el país en el que las rayas peatonales sirven para que cuando uno lleva prisa se ignoren a placer. Y eso sólo por poner un par de ejemplos que me ocurren todos los días. No me da cosa decirlo. Más de una vez -casi siempre- me pasé a media calle por la jodida hueva -o prisa- de no caminar al paso peatonal. ¿Y? ¿Pasa algo?
Estamos en un sitio en que la consciencia se manifiesta hasta que alguien más te recuerda que existe. Hasta que el policía te hace la seña de desaprobación -si es que hay policía. Nos enseñaron que si la autoridad no te ve "o es buena onda" puedes hacer casi cualquier cosa y NUNCA va a pasar nada. Y sucede todo el tiempo. En la oficina, en la calle, en casa, en cualquier jodido sitio. Si no te ven o eres amigo de quien manda, tu voluntad se impone a cualquier reglamento o ley existente. Nos vale madres. Cualquier pretexto es válido. 
Así como Guardado dijo que era "profesional" marcar el penal, yo digo que tengo prisa y que quiero llegar al cajero -que no está en la esquina- antes. ¿Y cuál es el problema? Es tan triste como sencillo. Nos enseñaron a hacer eso. No tiene la misma trascendencia mediática, pero en el fondo se trata de algo idéntico. 
No se trata de moral, de juego limpio, de educación. Se trata de consciencia. De eso que a veces se manifiesta. Cuando la vida empieza a cachetearnos o cuando el valemadrismo ajeno nos afecta. Entonces sí, pinche coche, yo soy el peatón, casi me pasa por encima, cabrón, cree que la calle es sólo suya y demás maldiciones ejercidas en contra de quien hizo lo mismo que nosotros y afectarnos.
Tampoco -de nuevo- de justificar a Guardado o al Piojo o a quien sea. Simplemente de reconocer que esa es la realidad -para bien y para mal- que vivimos en este país. La misma que nos permite ser más flexibles, abiertos, prácticos, que personas de otros países y que al mismo tiempo tiene como consecuencia la forma en que vivimos. Es así de sencillo. 

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