Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

jueves, 23 de julio de 2015

Entre confusiones

Escrito con la cabeza en un montón de lugares

Le costaba concentrarse. Estaba tratando de descifrar qué le estaba pasando. Se levantaba tarde todos los días, Trataba de descansar bien, de tener la mente clara para poder pensar correctamente. No la estaba pasando bien. La exigencia que se imponía era alta. Mientras más se exigía más se equivocaba. Le costaba trabajo manejar la presión y se exigía a sí mismo la capacidad de manejarla, de brillar cuando aparecía.
Llevaba varias semanas con la cabeza en un montón de lugares. Pensaba todo el tiempo. Estaba tratando de encontrarse a sí mismo y no podía. Eso lo tenía desesperado. Había recurrido a la ayuda. A cambio sólo se encontraba con un montón de preguntas. La cabeza le daba vueltas todo el tiempo. Los cuestionamientos se multiplicaban por mil cada vez que le llegaban a la cabeza. Mientras más trataba de desordenarlos, más se le desordenaba el mundo.
Y ese mundo seguía girando. Él trataba de responder bien a cada instante. De que no se percibiera en absoluto que tenía la cabeza en ese montón de lugares que ni él mismo reconocía. Insistía en dormir bien, en no desvelarse tan seguido, pero su adicción al rocanrol le pesaba demasiado. A veces pasaba noches enteras escuchando discos. La misma canción una y otra vez. Cuando el tema le tocaba el alma, intentaba discernir cada palabra. Pensaba que las canciones querían decirle algo y no entendía qué.
Los sueños que tenía -cuando conseguía dormir- eran cada vez más extraños. La ayuda lo hacía sentir bien. Encontraba algunas respuestas, pero esas respuestas le generaban nuevas preguntas y esas preguntas querían ser respondidas en forma de imágenes que el inconsciente le fabricaba. Él no entendía nada.
Cada vez que iba a una tocada sentía que el cuerpo le volaba. La emoción que sentía después de retratar a los músicos muchas veces le generó pensamientos extraños. Lo estaba absorbiendo. Le costaba trabajo canalizarla. Muchas veces se fue a dormir con el corazón latiéndole con más intensidad de la habitual. En otras ocasiones pensó en tomar a la primer mujer que no estuviera acompañada de un hombre y expresar lo que sentía en forma de besos. Creía que eso podría darle la tranquilidad que estaba buscando. Al mismo tiempo temía que se le volviera una adicción, un vicio progresivo. Primero haría intensos los besos, después buscaría coger mientras su banda favorita tocaba. Fantaseaba con esa situación.
Había leído que el ejercicio le ayudaría a liberar un poco su cabeza. Pero no. Todos los días corría rigurosamente una hora. Muchas veces llegó tarde a su oficina por excederse en el ejercicio. Si cuerpo se estaba transformando. Para él no era suficiente. Más de una vez, debajo de las cobijas se gritó que tenía que esforzarse más, que necesitaba tener la mejor figura posible, que él podía y que lo iba a lograr. Lo que pareció liberarle de las tensiones cotidianas le generaba un nuevo estrés. No sabía cómo manejarlo.
Abierto, alegre, sociable, se estaba convirtiendo en un ser huraño. Le costaba trabajo expresarse. De un tiempo para acá se estaba guardando todo. Creía que no tenía caso compartir su locura. Las pocas veces que intentó expresarla se sintió incómodo. Decidió no volverlo a hacer. No le dolía, pero tampoco le generaba placer. A veces sólo le gustaba ver al vacío, perderse en sus propios pensamientos e imaginar que una nube de humo le rodeaba y le hacía invisible.
Cuando tenía que convivir con más gente pretendía fingir. Más de una vez le preguntaron si le pasó algo. Él negaba todo. No se iba a permitir que la imagen de triunfador que él se había encargado de construir se fuera al demonio. Si eso empezaba a desbaratarse, todo se iría abajo y tendría que mostrar la realidad que vivía y que ya no le gustaba, 

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