Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

viernes, 31 de julio de 2015

El subsuelo de la selva de concreto

Escrito desde el vagón anaranjado


La bestia posee sus propias bestias. El salvajismo se manifiesta en sus durmientes, en sus pasillos y en sus torniquetes. Ahí va, el cazador asechando a su presa. No la piensa devorar. Sólo quiere valerse de ella para llegar a ese sitio que le permitirá saciar el hambre, el ocio o el placer. 
Mira a sus competidores. Hay de todo. Unos que lo superan en tamaño. A otros los supera. Están también los que sólo esperan un descuido para despojarlo de sus armas, son a los primeros que detecta. Les sonríe y acelera. Intenta evitarlos a toda costa. Al resto le importa poco o nada la batalla. Se mueven por inercia, sin un fin definido. 
La jungla lo educó para defenderse. Para evitar ser vencido. Se permite hasta el empate, nunca la derrota. No tocar a la presa en el momento en que se lo ha propuesto puede significar quedarse sin comer efímera o eternamente. 
Saca los codos, aprieta los muslos y mira a los rivales agresivamente. Está listo para atacar. No va a permitirse la derrota. Da igual si tiene que dejarle el codo en las costillas, en la cintura o en los riñones al prójimo o si se tiene que embarrar para estar sobre su víctima.
Una vez arriba nota a los parásitos. Agradece que sean sólo eso, parásitos que se alimentan de la presa sin contaminarla, sin enfermarla. A veces él se beneficia de ellas. Suelen traer alimento para el cuerpo y para el alma. Otras sólo reparten el medio que muchos como él usan para sobrevivir.
Cuando está sobre su víctima descubre a más potenciales competidores. Los mira agresivamente. Les hace entender que ese es su territorio y que va a defenderlo cueste lo que cueste. Ellos devuelven la cortesía. También consideran al animal como suyo. 
Sobre la presa sobreviven godínez, hippies, hipsters, amas de casa, estudiantes y turistas que han descubierto que la bestia es eso, una bestia que posee a sus propias bestias. La selva de concreto puede ser tan o más salvaje que la cubierta por árboles y habitada por fieras.

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