Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

domingo, 12 de julio de 2015

De futbol, música y apuestas

Escrito desde una redacción

Sábado. 10:45 de la noche. Subo al microbús que me acercará a casa. Estoy desvelado. La noche anterior dormí como seis horas y vengo de un día que parecía no tener fin. Nada fuera de lo normal. Me doy permiso de sentarme hasta adelante para estirar las piernas. No es tan cómodo usar algunos camiones cuando se rebasa el 1.82 de estatura. 
Me voy quedando dormido. Planeo sacar los audífonos para evadirme un poco de la realidad que se manifiesta en ese instante. Parada en la base de Universidad y Miguel Ángel de Quevedo. Dos tipos amagan con subirse y antes le dicen al chofer, "otra vuelta más" y ríen. Por alguna razón no tengo miedo. En esa zona no suele haber asaltos. 
Uno se coloca en la parte posterior de la unidad, el otro casi hasta adelante mientras sostiene un libro con su mano derecha. Entonces anuncia, "señores pasajeros, disculpen la molestia, perdí una apuesta del México contra Cuba y le debo 200 pesos a mi amigo, no tengo dinero y por eso tengo que subirme a cantarles la única canción que me sé. Es muy conocida, si se la saben, ayúdenme a cantarla".
En automático casi todos -salvo quienes sí traen audífonos puestos- comenzamos a reír. La lírica del clásico ranchero mexicano No Volveré, suena a capela en la unidad. Más de uno comienza a seguirlo mientras se aguanta la risa. "No grabes wey, no mames", pide a su amigo, mientras ríe. Los demás tomamos el incidente con gracia y lo seguimos "ayudando".
Suben más pasajeros. Interrumpe brevemente su cantar para explicarles de qué se trata todo. El camión se transforma en una especie de karaoke rodante. Seguro más de algún peatón o conductor vecino cree que la mayoría vamos ebrios.
Al terminar la canción, nos pide ayuda. "Sólo me faltan 90 pesos, si alguien quiere dármelos me va a ayudar mucho para no tener que subirme a otros camiones", afirma el perdedor de la apuesta. 
Le doy un peso -no alcanza para más- y le pregunto: ¿Cuánto apostaste que iba a ganar México?. Él responde "ese es el problema, aposté que ganaba Cuba" y riéndome le replico, "no mames, estás cabrón". Los pasajeros que lo notan se ríen. 
Ambos amigos bajan de la unidad mientras le dicen al chofer, "ya sólo nos faltan dos vueltas". El resto de los pasajeros continuamos riendo incrédulos. 

No hay comentarios.: