Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

lunes, 13 de abril de 2015

Mi relación con Eduardo Galeano

Escrito desde una redacción

Lo admito. Me enteré de su muerte algo tarde. Cuatro o cinco horas después de que se hizo viral. Así suele ser conmigo. Me gusta desconectarme del mundo, mientras no tenga la necesidad de estar enchufado. Por salud mental. La verdad es que tengo vida y me gusta respetar mis tiempos. Mi situación económica tampoco da para estar viendo el twitter a cada rato en el celular. 
Por él y por Benedetti me empecé a hacer fan de lo uruguayo. De La Vela Puerca, de No Te Va Gustar y del Cuarteto de Nos. De las líricas ricas y llenas de contenido. Del fondo y no sólo de la forma. Porque eso sí, las formas que Eduardo y Mario mostraban eran sublimes, bárbaras, eran líricos y románticos, como buenos escritores y como buenos latinoamericanos hijos del exilio.
Supe de Eduardo cuando la adolescencia -más bien la pubertad- me invadía. Gracias a la Futbol Total, la revista que en ese entonces era LA referencia junto con Soccermanía para quienes no teníamos acceso a lo europeo. En sus páginas relataban algunas frases del charrúa, que paradójicamente, carecía de garra y en lugar de eso soltaba pinceladas de sabiduría. 
Entendí que el futbol era un asunto para intelectuales y que quería formar parte de él. Como lo comenté muchas veces, a los 12-13 años confirmas que no sirves para patear la pelota, pero sí para leerla, analizarla y expresarla. Pasó mucho tiempo y aunque no lo leía -no tenía dinero "propio" y sus libros no llegaban a Villahermosa- seguía admirándole por las tres o cuatro frases que permeraron en mi cabeza.
Hasta pasada la mayoría de edad pude conocerle más a fondo. 2010, si la memoria no me falla. En una de tantas visitas a la ciudad que me enamoraba y que hoy me tiene conquistado compré lo que para muchos -incluyéndome- es la biblia del futbol. El futbol a sol y sombra me hipnotizó y no tardé más de cuatro o cinco días en terminarlo. Gracias a ese texto y a Dios es Redondo -de Juan Villoro- acabé de apasionarme por la pelota.
Galeano y su lírica rica me ayudaron a entender lo que ya amaba y sigo amando. Galeano y sus textos me terminaron de convencer de que el futbol no es un asunto de vida o muerte, sino algo mucho más profundo, como diría el otro gran fallecido, Bill Shankly, legendario entrenador de un Liverpool al que no he visto, pero del que me hice fanático a través de los relatos que algunas revistas me dejaron disfrutar. 
Más adelante lo vi en uno de los videos de No Te Va Gustar. Le cantaba a la violencia hacia la mujer. El tema, de por sí intenso, se hacía aún más sublime con la presencia del crack de las letras. Luego me enteré de que él había ejercido esa violencia y digamos que lo humanicé. De ser el ídolo de la literatura futbolera pasó a ser el humano hijo de la contradicción, como diría Miguel Ríos. 
En el intermedio, fui leyendo algunas declaraciones que daba y que lo hacían ver como un intelectual zurdo. ¿Qué más podía pedirle a uno de mis escritores favoritos? Intelecual, futbolero y ¡zurdo! Él también me hizo entender a la sociedad y el porqué de la pobreza en el maldito capitalismo. No sé si Mujica lo leyó, pero pertenecen a la misma corriente. 
No le juzgo, a Eduardo no le juzgo. Prefiero quedarme con aquellos textos en los que proclamaba el fin de la "dictadura" de Fidel Castro en Cuba con su muerte antes de cada Mundial. Prefiero quedarme con el tipo que me hizo enamorarme aún más de lo que amé desde los 9-10 años. Larga vida a Eduardo. Larga vida. Ojalá, ojalá que pronto surjan más intelectuales futboleros como él. No por mí, sino por los más jóvenes que aún quieren enamorarse del futbol.