Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Desesperación

Escrito desde un vagón del Metro, a una hora "no pico"

Como Metro en hora pico
Como autobús de segunda varado
Como aquel beso que me negaste
Como aquella sonrisa que suplicaste

Como el amor en tiempos híbridos
Como la costra y su comezón
Como un asalto a medio día
Como la impotencia y el uso de la razón

Como aquel adiós que no esperabas
Como una agonía de muerte
Como cuando me viste a los ojos
Y me cambiaste toda la suerte

Como un accidente bajo la lluvia
Como un motor desvielado
Como al salir de casa
Y me bañó el viento helado

Como un codo en el estómago
Y un borde de libro en la barbilla
Como un chofer malhumorado
Como el dolor de un aire en las costillas

Como una sonrisa fingida,
por el orgasmo malogrado
Como la desesperación en la orilla,
por el amor que no ha llegado

Como un olvido inevitable
Como la lágrima atrapada en el alma
Como sufrir sin estar sufriendo
Por haber perdido la calma

sábado, 25 de octubre de 2014

Huele a barrio

Huele a barrio
Exhalo smog y huele a barrio
Sensación de aceite garnachero
Ilusión de cumbia de autobuses rotos

Del pesero y el diezpesero
Huelo al barrio y el barrio me huele
Y el olor tiene sabor

Sabe a pobreza y a desigualdad
A caminar corriendo y a correr caminando
A vivir la magia en la sonrisa del mendigo
A morir en la amargura del pudiente

Huele a bocina desesperada,
a tráfico de vecindad
A mujeres preocupadas
Y a hombres sin motivos

Llora el cielo gris y sonríe la luna ausente
Mientras muere el inmigrante desvalido
Y revive la ilusión del proletario

Huele a piratería de banqueta
A mona de barrio fino
A taco de perro vivo
Y a leche limpia de pulquería

Vive la desigualdad en la ciudad del Metro autónomo
En el salvajismo devorador de ilusiones
En la paridad de oportunidades perdidas

Y mientras muere el olor
Vive la muerte en los altares
En la falsa realidad microbusera
En la dura burla del chilango
Disfrazada de alegría y convertida en resignación


lunes, 30 de junio de 2014

Díganme que será distinto

Díganme que en cuatro años seré yo quien esté del lado del micrófono. Díganme que a veces los ciclos se miden en 20 años y que en 2018 podré contar una historia diferente. Que estaré en un palco, cagándome de frío, con una bufanda tamaño colcha y con un café encima que provoca una revolución en mi cerebro. Moscú será diferente. No habrá miedos, no habrá traumas, ni tampoco malos recuerdos.
¡Por favor! Lo imploro, lo pido, lo necesito. Rusia debe ser distinto, yo debo ser distinto y la selección también.
Quiero despertar en un cuarto de hotel con un ambiente que para entonces deberá ser más o menos conocido. Desayunaré cosas que para entonces deberán ser cosas más o menos conocidas y me pondré un traje que más me vale que ya sea reconocido por mi cuerpo y entonces estaré listo para vivir una aventura que ojalá termine siendo de lo más desconocida.
No quiero más golazos en tiempos extras, ni penales, ni equipos sin sangre. Tampoco remontadas ni errores arbitrales. Quiero que esta vez seamos yo y los de mi lado los que celebremos. Los que nos sintamos orgullosos y podamos decir que pasamos aunque sea 'haiga sido como haiga sido'. Que esta vez seas tú quien se emocione con mi relato y no yo el que tenga que oír los lamentos de Martinoli o las maldiciones de Alarcón.
Quiero vivir una nueva realidad que no se parezca en nada a la que tengo 12 años viviendo. Quiero contarla, quiero disfrutarla, quiero emocionarme y provocar emociones en ese instante. ¿Por qué siempre tiene que ser así? ¿Por qué México siempre es el que pierde? ¿Por qué le tocan equipos que son mejores? ¿Por qué no podemos ser los mejores nosotros? ¿De verdad hicimos algo tan malo como para padecer semejante burla?
Y no se trata de martirizar, sino de exponer una realidad que cada vez duele más. No se trata de que lo que no te mata te hace más fuerte, porque a mí cada eliminación me genera más frustración. No es aprender, porque yo no logro entender y menos saber cómo parar tanto sadomasoquismo junto. Es simplemente que hay algo dentro que exige un cambio de realidades. Que pide que el golazo, los penales, la sangre para remontar y la voluntad arbtiral estén por una vez del lado que me representa.
¿Es mucho pedir?

jueves, 12 de junio de 2014

Caudales separados

Y lo sabía, estaba escrito
Todo tiene un fin,
Nada es eterno,
Siempre se desemboca

Sin embargo, no quería
Tenía miedo de eso
Y ya sentía la agonía

Desde el arranque lo supe
Íbamos por rumbos distintos
Pero jugamos a ir juntos

Nadamos en la misma agua
Fingiendo inconsciencia
Creyendo en la utopía
Abrazando un mundo igual

Y de repente, sucedió
El río mandó a cada cual
...con su caudal,
con su vida ideal

Y el sol dejó de ser el mismo
Era verano, pero parecía otoño
Quemaba sin calentar

Cada quien nadaba a su ritmo
A su modo, a su andar
Y ya nada importaba

Se hizo de noche
Y te volví a ver
....Pero tu luz
Cada vez era más tenue

Era un destino escrito
Nosotros lo hicimos
Al decidir estar juntos

Y aunque duele
Es natural
Que cada río
Siga su caudal

jueves, 24 de abril de 2014

Del sufrimiento a la alegría

Hay noches que no se olvidan, que no quedan en el más allá, que no son simplemente juegos en donde sale la luna en perjuicio del sol, noches mágicas pues. La del miércoles pasado lo fue, aunque como casi todas estuvo llena de cierto sufrimiento.

Escrito con el cuerpo frente a mi ventana y la cabeza y el alma en la redacción de un diario.

Eran las seis y media de la tarde y desde hacía más o menos una hora mis manos ya estaban sudando y el corazón latía con más fuerza de lo normal. Ya había dejado casi todos los pendientes listos y por primera vez en muchos miércoles no estaba discutiendo con ella. Sin embargo, no me daba la gana sentir que iba a ser diferente. Vaya, llevo 14 años sintiendo que va a ser diferente y sólo el Kikín Fonseca había hecho que fuese diferente.
Dejé el 90 por ciento de la edición terminada, bueno, faltaba la revisión de lo que ya estaba lista y terminé de bajar las últimas fotografías que había que dejar para el día siguiente y así me dieron las siete. Por fortuna, nadie estaba distrayéndome y ya comenzaba a vivir mi propio ritual.
Encendí la televisión y ya estaba el canal que pretendía ver. Entonces me olvidé de todo -excepto de que no estaba en casa y no podía gritar ni levantar la voz por muy emocionado que estuviera- y decidí que el ritual iba a empezar.
Minutos más, minutos menos y el árbitro pitó. Entonces comenzó mi propio partido. Mis manos juntas, mi corazón latiendo a todo lo que daba y mi boca mentando madres en voz tan baja que hasta yo estaba sorprendido.
¡Puta madre! ¡Defiendan bien, chingada madre! ¡Apriétalo carajo! ¡Enfréntalo! ¡Vas de frente idiota! ¡Qué no se dé la vuelta! ¡No, no mames! ¡Mierda, ya tiró! ¡Aaaaaay Corona qué pinche susto! Fueron las primeras palabras que medio dije, y digo medio porque decir no es sólo mover los labios, decir es expresar bien lo que uno quiere y yo francamente estaba susurrando porque evidentemente si levantaba la voz me iba a ganar al menos una buena llamada de atención y no me daba la gana ser interrumpido, así es que continué susurrándole a la pantalla queriendo gritarle a todo pulmón.
¡Venga! ¡Tócale wey! ¡No le cantes tanto el pinche pase carajo, ay que sorprender! ¡Gira! ¡Gira! ¡Tira cabrón! ¡Puta madre, si le vuelves a pegar así te voy a romper tu puta madre cabrón! ¡Venga, venga, a gol wey, a gol! ¡Uuuuuuh! ¡Vete al carajo Talavera, vete al carajo!
Mis porras susurradas continuaron y yo me quería comer a todos los del Toluca para que por fin cayera el gol. Por ahí escuchaba algún lo está sufriendo, pobre y sí, lo admito, me ganó un tanto la risa por la vergüenza, aunque pasados dos o tres minutos y después de autochorear a mi mente volví a lo mío.
Y sucedió cuando los nervios se me estaban pasando... Pase para Fabián -no sé de quien fue, pero yo le puse en la nota que fue Gerardo Flores- sonreí y supe que era LA CHANCE, quise gritar gol con el toque de Marco, pero Pavone, ese que me he dedicado a criticar hasta el cansancio chocó la pelota y entonces sí, bueno, no grité gol, lo susurré como el resto de las jugadas y comencé a manotear con las manos provocando la reacción inmediata del resto de la redacción, aunque a ciencia cierta no hice demasiado caso.
Era EL MOMENTO y no podía parar de sonreír. Los últimos minutos la pasé bastante mal, pidiendo, exigiendo que el árbitro ya pitara.
Después de eso pude respirar, el medio tiempo y algo de distracción para no saturar la mente demasiado y de volada a escribir dos párrafos e ir adelantando la nota porque no quería saturarme al final fuese cual fuese el resultado.
El celular no dejaba de vibrar y yo ya estaba desesperado porque no podía hacerle mucho caso a los primeros cinco minutos del segundo tiempo, quería que todos me dejaran en paz. Entró Édgar Benítez y sólo pude ponerme las manos a la cara y pensar, "esto ya valió madres" y sí, estaba valiendo madres cuando metió el gol. No lo niego, estaba muerto de miedo, recordando tantas y tantas finales en las que Cruz Azul había perdido de esa manera. Los nervios empezaron a subir de intensidad, aunque increíblemente no estaba perdiendo el control.
Pasaron y pasaron los minutos y sucedieron dos cosas que me marcaron. El ingreso de Horacio Cervantes me puso loco. ¿Cómo se le ocurre a este idiota meterlo? ¿No se acuerda de lo que hizo el viernes pasado? ¡Qué animal eres Tena! ¡Ojalá te salga, si no todos te vamos a matar! Y bueno, Cervantes me tapó la boca ayudando a hacer tiempo y a matar el juego y Perea por poco me la vuelve a abrir con ese desvío. Lo reconozco, a la nota le puse que el tiro fue de Benítez, aunque claramente en la narración se mencionó que fue Ponce, no pregunten porqué lo hice, pero lo hice. Perea desvió la pelota y yo me quería morir. No voy a parar de agradecerle a Velázquez el fallo que tuvo en el contrarremate, deberían contratarlo en lugar de Pavone, aunque Pavone haya dado el título.
Entonces Marco Rodríguez pitó el final y de inmediato me levanté de mi silla y levanté los brazos, festejé frente a la pantalla y recuerdo poco, pensé que me iba a desmayar, tenía los brazos con un hormigueo rarísimo y no quería decirlo, pero en alguna parte leí que era algo relacionado con los infartos y acá lo confieso, no me arrepentiría de haber muerto de esa manera, fue simplemente extraordinario.
¡A huevo, a huevo chingao! ¡Por fin campeones!
Un par de minutos después y de vuelta al trabajo. Con los brazos hormigueados y una sensación de mareo espectacular me puse a escribir el resto de la nota. No tuve que pensarle mucho para poner titular y para buscar las fotos. Luego vino el regaño del diseñador por no haber cerrado lo demás y la tranquilidad que de a poco regresaba.
Sí, hubo sufrimiento, pero esta vez el final fue bastante feliz.

jueves, 6 de febrero de 2014

fluimos

Somos agua de distinto caudal
Somos río de distinto color
No tenemos misma densidad
No tenemos mismo sabor

Tú vienes de la montaña
Yo salí del manantial
Tú estás casi congelada
Yo me puedo evaporar

Pero accidentes de relieve
Nos hicieron encontrar
Mi lecho ya no hierve
Y tú te quieres entibiar

Y fluimos nena, fluimos
Nos negamos a ser
Lo que alguna vez fuimos

Y fluimos juntos por fluir
Por no ser sólo caudal
Por querer sobrevivir

Fluimos poco a poco
Pero no nos confundimos
No somos río y arroyo
Aunque sí un tanto distintos

Vamos juntos porque lo queremos
Vamos y fluimos por la vida
Porque vamos bien y lo sabemos
Porque vamos día a día

Somos conscientes nena
De a donde vamos a llegar
Yo me juntaré con la arena
Y tú no quieres ir al mar

Tú aspiras a volverte lago
Yo quiero la inmensidad
No busco estar estancado
Y tú quieres tranquilidad

Y aún así vamos fluyendo
Tú fría y yo caliente
Pero este es el momento
Mi caudal así lo siente