Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

lunes, 27 de mayo de 2013

Crónica de El día más triste

 Escrito lejos de la redacción de algún diario...




Esa noche tenía todos los ingredientes para ser perfecta: Cruz Azul llevaba una ventaja al Azteca y tenía en sus manos salir campeón. ¡El primer título en 16 años!, ¡el primero para mí en 12 años siendo aficionado!. La chica ideal se comportaba como tal, sólo había lugar para las sonrisas y aquella soberbia que generaba costosos descuidos y excesos de confianza letales estaba desapareciendo. En la redacción tampoco estaba mal el asunto, pocas fricciones y mejores resultados. La escuela, eterna preocupación del semestre lucía como algo en lo que sólo había que estar concentrado pero sin excederse.
Pasaban los minutos y todos esos fantasmas lucían lejanos. "Puede ser la noche perfecta", pensaba. Nada mejor que el primer título de liga en años, concretar algo con esa mujer que sigue luciendo perfecta, el trabajo no daba demasiados sobresaltos y la escuela podía resolverse a la mañana siguiente.
La ilusión creció con esa expulsión a Jesús Molina. El escenario perfecto, un gol de ventaja, un jugador más y 70 minutos para soñar con la copa. El gol de Teófilo hizo crecer la alegría y se escuchó un "la novena cae esta noche" durante la celebración de la obra maestra del colombiano. Nada más alejado de la realidad.
La salida al medio tiempo para trabajar, fotos del ambiente en los restaurantes y sondeos de los aficionados que salieran campeones. ¿Qué podía salir mal?.
Entonces, tras estar en tres establecimientos tocó el turno a Las Alitas y esas alitas mandaron al demonio las ilusiones. Ahora lo pienso y realmente busqué el peligro, atraje esa "mala suerte" y me culpo por ello. Iban siete u ocho minutos en el restaurante y el "capitán de agua", a quien despectivamente llamaba "Aquitronco" Mosquera volvió el alma de hielo. Ese maldito cabezazo liberó a los fantasmas y estos atacaron a Cruz Azul. Nervios y más nervios. No podía perder la objetividad y comenzar a gritar porque "estaba trabajando". Entonces, después de un aviso, cayó el gol que mandó todo al carajo. Moisés Muñoz remató un centro que se desvió en la pierna de Alejandro Castro y entonces, el corazón se detuvo, el vértigo llegó y desde adentro sólo alcanzaba a balbusear constantemente un " no mames, no mames, no mames, no mames, no mames", las manos a la cara y enfrente una mayoría americanista celebrando a grito pelado. Ni en el peor sueño habría ocurrido algo así.
Llegaron los tiempos extras y con ellos la esperanza de que Cruz Azul marcaría el gol que mataba. Nada más alejado de la realidad, Corona salvó dos claras y el América estaba jugando en el terreno que quería, como quería, la desesperanza se veía en la cara y se palpitaba en unas manos que para ese entonces estaban dormidas.
Los penales fueron el siguiente paso. "Cruz Azul fue dominado, le convienen los penales", vaya falacia. El tiro del Chuletita Orozco que Moisés Muñoz desvió con la pierna clavó el primer navajazo en el alma. El gol americanista lo enterró más. Alejandro Castro, aquel que presume de buen toque ya provocaba las promesas al cielo, aquellas que dicen "si Cruz Azul sale campeón voy a misa pase lo que pase, o rezo el rosario todos los días". El fallo casi desaparece la fe junto con el gol americanista. Rogelio Chávez y su acierto generaron gritos de "¡sí se puede carajo!, ¡vamos!". Entonces el 3-1 azulcrema volvió a darle otra puñalada a la esperanza, misma que pegó su último grito antes del tanto de Gerardo Flores y de la celebración de Miguel Layún. Entonces un par de lágrimas salieron y apareció el recuerdo de hacer los sondeos.

 Toda esa gente a la que minutos antes deseaba el sufrimiento sería la que "serviría para la nota". Con más coraje y orgullo profesional que otra cosa salieron los cuatro sondeos a los americanistas. A la salida del restaurante sonaron los gritos de "¡Puta madre!, "¡me cago en todos hasta que los tape! y ¡ya ni la chingan  carajo, ya ni la chingan".
Lo más difícil estaba por venir, pues esperaba un festejo americanista en el Monumento al Atleta, sitio en el que en agosto había cantado el oro de México en el futbol varonil. Una vez en el auto, salieron más lágrimas y la mirada se perdió.
A la llegada al monumento, los "Vamos América" se hicieron presentes. No había mucho que hacer, sólo quedarse parado, observar y tratar de memorizar todo lo memorizable, pues el trabajo era para el fotógrafo. Lo único importante era no romper en llanto delante de los triunfadores. Con más huevos que otra cosa lo logró, "bárrete como Nadal y aguanta como Puyol carajo, dale, aguanta cabrón", se repetía constantemente mientras miraba al cielo como buscando una explicación a "su tragedia", comprendiendo que eso jamás lo olvidaría.
Una vez en la redacción lo primero fue un "no estés triste" de la coordinadora editorial y varios intentos de burla de los americanistas presentes, "tengo que trabajar", fue todo lo que se escuchó. Un par de indicaciones del jefe y a contar una alegría que vivía como tragedia, mientras revisaba una a una las fotos que permitirían dar a conocer la historia para los lectores al día siguiente.
Al menor intento de polémica de parte del jefe, la respuesta fue "no quiero hablar, si lo hago me voy a soltar y voy a valer madres", lo demás fue música del celular para distraer la mente y el corazón de la tristeza y para tratar de ser lo "más profesional posible". Después de buscar titulares para la portada y de terminar el trabajo, salió de la oficina y escurrieron lágrimas por la cara.
Una vez en el taxi, con más lágrimas en la cara, el jefe dijo "el ingeniero te felicitó por cómo vives tu pasión", eso provocó una acidez tremenda en la garganta y unas ganas espantosas de soltar el llanto completamente, pero eso no pasó.
Al llegar a casa, la cama fue el refugio, mientras esa tristeza sigue contenida.

No hay comentarios.: