Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

viernes, 6 de septiembre de 2013

El apasionado

Inspirado en Eduardo Galeano.

El apasionado juega su partido tres días antes de que comience el que va a seguir. Lo hace en un café, en oficina, en el auto, a la hora de comer y, a la hora de dormir, lo vive más intensamente, lo sueña. Sueña la victoria y sueña la derrota. Sueña con que la cábala infalible que no para de fallar, sea la de la suerte, sueña que pierde porque en el fondo piensa que así atraerá la victoria, sueña que gana porque cree que así la atraerá con más fuerza. Sueña con el ídolo llorando, cabizbajo, golpeando el suelo y lamentando su suerte y también sueña con el mismo ídolo celebrando, vitoreando la goleada, mirando al rival humillado, mirándose a sí mismo en la grada saltando y cantando, o mejor, sueña que salta a la cancha y tiene de cerca a los suyos.
El apasionado no se entristece tras la derrota, se muere de a poquito. Siente que perdió algo, dependiendo de la gravedad de la afrenta y del rival. El apasionado no se agacha, se cae y como el ídolo, termina por levantarse hasta que vuelve a la pretemporada.
El apasionado no tiene esperanza, tiene fe. El apasionado no mira en el estadio a un espacio para jugar o ver jugar a los que saben, lo mira como un templo para ir a celebrar el ritual.
El apasionado se mira a través de los triunfos y de las derrotas, de los empates también se mira, pero se mira menos porque son como borrones y cuentas nuevas.
El apasionado quiere estar cerca de los ídolos. Quiere ser el ídolo, sentir como el ídolo y por eso se apasiona. Quiere dirigirlo y que haga lo que se supone que debe de hacer el ídolo. Quiere entrevistarlo y contar la historia del ídolo que se hizo más ídolo. Quiere ver que su vida mejora mientras la del ídolo lo hace.
Por eso se apasiona, porque siente que debe darse completo para exigir que el ídolo y los que pretenden ser ídolos lo hagan y le devuelvan una parte de la alegría que perdió en cada derrota y que vivió en cada victoria.
El apasionado no espera ser comprendido por sí mismo o por el resto de los no apasionados. Espera ser aceptado como tal, como apasionado. Espera ir el domingo a la cancha y juntarse con otros apasionados para compartir la pasión, y el dolor, y la alegría.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Te miré y era de noche

Escuché muchas veces:
De noche y sin luz,
no se puede ver nada...
Pero yo te redescubrí

No necesité la luz
Tú fuiste mi faro
Me guiaste
Y me llevaste al paraíso

Sin verte te observé
Mi piel contempló la tuya
Fue reconociendo tus caminos
Tu perfume, tu esencia

Mis labios llegaron a los tuyos
         No necesité verte a los ojos
Los tocaron solos
        Por instinto

Mi destino fuiste tú
Y la noche despiadada quiso evitarlo
Pero tu luz
         Tu mirada ciega fue más fuerte
Más que cualquier oscuridad

Sin querer te conocí mejor
Sin luz tú me iluminaste

Demostraste, una vez más
Que cuando la noche cae
Cuando el negro quiere taparme
Ahí estarás...

jueves, 22 de agosto de 2013

Vivir a través de otros

Es muy gracioso, muy estúpido si lo quieres mirar así, vaya, muy absurdo. De repente me di cuenta que llevo años, viviendo o queriendo vivir a través del resto, de los ídolos, de los equipos; tratando de crearme una identidad a través de lo externo en lugar de cogerme los cojones y atreverme a ver qué chingaos soy, qué chingaos no y qué chingaos pretendo ser. Un tipo supuestamente tan independiente resultó ser todo lo contrario.
¿Empezamos? Ah, chingue su madre. Desde niño, bueno, desde que me empezó a gustar el futbol empecé a tener modelos a seguir muy cabrones. ¿A qué me refiero? Me hice cruzazulino y reafirmé esa identidad cuando me di cuenta de lo que era Cruz Azul, un equipo honesto, grande, familiar, que respetaba la mexicanidad pero que al mismo tiempo incorporaba lo mejor del resto. Me tocó la época de la Libertadores 2001, cuando en la liga el equipo no hizo nada pero que en Sudamérica tapó tantas bocas como Palencia ante River y entendí que yo aspiraba a ser eso, un grande que podía jugar mal y en la hora buena romperla espectacularmente. Mi ídolo, naturalmente, era -es- Francisco Palencia, un cabrón de quien todos destacaban su entrega total en cada partido y al mismo tiempo, en el momento grande, era el encargado de echarse el equipo al hombro y marcar diferencias. Al mismo tiempo me llegó el discurso de Javier Aguirre de "vamos a rompernos la madre" y entendí que yo quería ser eso, un cabrón que se rompiera la madre y que siempre ganara por su talento.
Lo adopté en ese momento, me di cuenta -o quise darme cuenta- de que yo era así y lo asumí como tal. Empecé a comportarme así y a vivir de esa manera. Siempre con la máxima de no joder a nadie intencionalmente y aún así salir ganador. En frente tenía al enemigo, al malo de la película, el América, me pintaron la imagen -y la creí al pedo- de que representaba la trampa, el ganar por encima de todo, el ser gandalla y salir ganando. Lo comprobé después del título de 2002 y ahí nació mi animadversión hacia el equipo y hacia todo lo que se pareciera o se comportara de forma similar, tan así que en la escuela los pleitos siempre eran con ese tipo de personas, cualquiera que presumiera lo que materialmente poseía era mi enemigo declarado, más aún porque entre el futbol y la familia me habían enseñado que mi presente era un tanto humilde y que había venido desde abajo y me había ganado lo que tenía a base de trabajo y esfuerzo.
Y de repente llegó la época de las contradicciones, en que Cruz Azul no ganaba ni a madrazos un partido de liguilla y entonces era enfrentarme a mí y comenzar a cambiar -inconscientemente- mi personalidad y a creerme de a poco que yo era igual, que no importara cuanto me esforzara, si de verdad quería algo no iba a poder conseguirlo y si pasaba iba a haber una dosis muy fuerte de fortuna y si esa dosis no se daba, entonces no iba a ser un logro real y sin darme cuenta empecé a meterme en la cabeza la ideología del mexicano común que se sabe acostumbrado a sufrir y a vérselas negras todo el tiempo. Evidentemente hubo un aspecto muy importante para mí a esa edad en el que me vi reflejado. Ni hablar de los mundiales de futbol, en los que se terminó de reafirmar esa ideología.
Luego llegó la etapa de las finales, justo cuando estaba cumpliendo los 17 y entrando a la universidad. Cruz Azul sigue sin ganar una final ni a madrazos y terminé creyéndomela yo también, digo, terminé pensando que no importara qué tan bien llegara a la etapa o momento definitivo de mi vida, al final siempre iba a pasar algo que me haría fracasar, unas veces iba a ser culpa mía, otras acierto del rival y otras cosa de suerte. Terminé creyéndolo y dejando que eso se metiera en todos los aspectos de mi vida.
Y ahora me doy cuenta de qué me pasa y no le echo la culpa al futbol, porque el futbol es la cosa más noble que hay, es de lo poco que siempre te da chance de revancha y yo acá y ahora, estoy buscando la mía, aunque entiendo que como en el futbol, el problema siempre parte de las bases y ahí, aunque duela y cueste más, siempre estará la clave.

domingo, 11 de agosto de 2013

Te miro

Te miro y pasa,
Pasa tu mirada
Pasa tu sonrisa
Pasa la noche y el día

Te miro y cambian tus ojos
Cambian tus ojos y los míos
Tu semblante y tu cara
Mi semblante y mi cara

Te miro y cambia el mundo
Cambia la luna
Cambia el sol
Cambia la lluvia

Te miro y sé cómo estás
Va, aunque no te mire
Siempre radiante
Siempre espectacular

Te miro y el sol se apaga
La luna se enciende
La lluvia se seca
Y el dolor se muere

Te miro y no miro a otro lado
No quiero mirar más allá
No puedo mirar más acá
Te miro y algo pasará

Te miro y te contemplo
Te miro y te siento
Te miro y te disfruto
Te miro y te admiro

Te miro y si te dejo de mirar
Se enciende el sol
Se apaga la noche
Se moja la lluvia

Te miro y te vuelvo a mirar
Quiero pedirte mil deseos
Contarte otros secretos
Mirarte por reflejo

Te miro y se te sigo mirando
La vida se detiene
Los pájaros callan
El mar se aquieta
El río no corre

Te miro y por favor
No me cierres los ojos
No me agarres las manos
No me tapes la boca

Y si me cierras los ojos
Me agarras las manos
Me tapas la boca
Me muero por dentro

viernes, 12 de julio de 2013

Te quiero

Te quiero
Con los ojos cerrados
Con los ojos abiertos
Te quiero y sé que es cierto

Te quiero
Cuando ríes y me miras
Cuando la luz nos ilumina
Cuando tu corazón camina

Te quiero
No sé porqué ni lo sabré
No me interesa averiguarlo
Te quiero y quiero disfrutarlo

Te quiero,
y me gusta quererte más
Te quiero y lo disfruto
Te quiero sin probar tu fruto

Te quiero,
y entiendo puede acabar
Mientras tanto lo que haré,
será disfrutar de tu querer

Te quiero nena
Y sé que me quieres también
Tu mirada y tu ternura
Para mí, alegría pura

Te quiero y quiero quererte
Te quiero y no dejaré de hacerlo
Te quiero mujer
Y ya empiezo a creerlo



jueves, 30 de mayo de 2013

No se va a poder

Era la copa favorita,
la que durante años había esperado
Suave y delicada,
brillante y siempre tan lejana

Se cayó en el primer intento,
y fracasó en el segundo
El tercero es el bueno,
pensaba ilusionado

Se había reconstruido a sí mismo
Al menos eso era lo que creía
Sentía que sus fantasmas se habían ido
             Nada podría detenerlo

Era la copa favorita
Y él era el favorito
"No errará esta vez", decían
 No podrá equivocarse, pensaban los sabios

Se sentía seguro y poco a poco avanzó
Nada podría detenerlo
No más recuerdos magros

Ni goles de último minuto
Ni regalos en la ida
Tampoco planteamientos erróneos
Esta era la buena

Entonces la llamó y ella vino,
"Lo va a lograr", pensaban
Faltaban pocos minutos
Y ya creía acariciarla

Entonces ella le contestó,
"Mejor para otro día,
hoy no se va a poder"


lunes, 27 de mayo de 2013

Crónica de El día más triste

 Escrito lejos de la redacción de algún diario...




Esa noche tenía todos los ingredientes para ser perfecta: Cruz Azul llevaba una ventaja al Azteca y tenía en sus manos salir campeón. ¡El primer título en 16 años!, ¡el primero para mí en 12 años siendo aficionado!. La chica ideal se comportaba como tal, sólo había lugar para las sonrisas y aquella soberbia que generaba costosos descuidos y excesos de confianza letales estaba desapareciendo. En la redacción tampoco estaba mal el asunto, pocas fricciones y mejores resultados. La escuela, eterna preocupación del semestre lucía como algo en lo que sólo había que estar concentrado pero sin excederse.
Pasaban los minutos y todos esos fantasmas lucían lejanos. "Puede ser la noche perfecta", pensaba. Nada mejor que el primer título de liga en años, concretar algo con esa mujer que sigue luciendo perfecta, el trabajo no daba demasiados sobresaltos y la escuela podía resolverse a la mañana siguiente.
La ilusión creció con esa expulsión a Jesús Molina. El escenario perfecto, un gol de ventaja, un jugador más y 70 minutos para soñar con la copa. El gol de Teófilo hizo crecer la alegría y se escuchó un "la novena cae esta noche" durante la celebración de la obra maestra del colombiano. Nada más alejado de la realidad.
La salida al medio tiempo para trabajar, fotos del ambiente en los restaurantes y sondeos de los aficionados que salieran campeones. ¿Qué podía salir mal?.
Entonces, tras estar en tres establecimientos tocó el turno a Las Alitas y esas alitas mandaron al demonio las ilusiones. Ahora lo pienso y realmente busqué el peligro, atraje esa "mala suerte" y me culpo por ello. Iban siete u ocho minutos en el restaurante y el "capitán de agua", a quien despectivamente llamaba "Aquitronco" Mosquera volvió el alma de hielo. Ese maldito cabezazo liberó a los fantasmas y estos atacaron a Cruz Azul. Nervios y más nervios. No podía perder la objetividad y comenzar a gritar porque "estaba trabajando". Entonces, después de un aviso, cayó el gol que mandó todo al carajo. Moisés Muñoz remató un centro que se desvió en la pierna de Alejandro Castro y entonces, el corazón se detuvo, el vértigo llegó y desde adentro sólo alcanzaba a balbusear constantemente un " no mames, no mames, no mames, no mames, no mames", las manos a la cara y enfrente una mayoría americanista celebrando a grito pelado. Ni en el peor sueño habría ocurrido algo así.
Llegaron los tiempos extras y con ellos la esperanza de que Cruz Azul marcaría el gol que mataba. Nada más alejado de la realidad, Corona salvó dos claras y el América estaba jugando en el terreno que quería, como quería, la desesperanza se veía en la cara y se palpitaba en unas manos que para ese entonces estaban dormidas.
Los penales fueron el siguiente paso. "Cruz Azul fue dominado, le convienen los penales", vaya falacia. El tiro del Chuletita Orozco que Moisés Muñoz desvió con la pierna clavó el primer navajazo en el alma. El gol americanista lo enterró más. Alejandro Castro, aquel que presume de buen toque ya provocaba las promesas al cielo, aquellas que dicen "si Cruz Azul sale campeón voy a misa pase lo que pase, o rezo el rosario todos los días". El fallo casi desaparece la fe junto con el gol americanista. Rogelio Chávez y su acierto generaron gritos de "¡sí se puede carajo!, ¡vamos!". Entonces el 3-1 azulcrema volvió a darle otra puñalada a la esperanza, misma que pegó su último grito antes del tanto de Gerardo Flores y de la celebración de Miguel Layún. Entonces un par de lágrimas salieron y apareció el recuerdo de hacer los sondeos.

 Toda esa gente a la que minutos antes deseaba el sufrimiento sería la que "serviría para la nota". Con más coraje y orgullo profesional que otra cosa salieron los cuatro sondeos a los americanistas. A la salida del restaurante sonaron los gritos de "¡Puta madre!, "¡me cago en todos hasta que los tape! y ¡ya ni la chingan  carajo, ya ni la chingan".
Lo más difícil estaba por venir, pues esperaba un festejo americanista en el Monumento al Atleta, sitio en el que en agosto había cantado el oro de México en el futbol varonil. Una vez en el auto, salieron más lágrimas y la mirada se perdió.
A la llegada al monumento, los "Vamos América" se hicieron presentes. No había mucho que hacer, sólo quedarse parado, observar y tratar de memorizar todo lo memorizable, pues el trabajo era para el fotógrafo. Lo único importante era no romper en llanto delante de los triunfadores. Con más huevos que otra cosa lo logró, "bárrete como Nadal y aguanta como Puyol carajo, dale, aguanta cabrón", se repetía constantemente mientras miraba al cielo como buscando una explicación a "su tragedia", comprendiendo que eso jamás lo olvidaría.
Una vez en la redacción lo primero fue un "no estés triste" de la coordinadora editorial y varios intentos de burla de los americanistas presentes, "tengo que trabajar", fue todo lo que se escuchó. Un par de indicaciones del jefe y a contar una alegría que vivía como tragedia, mientras revisaba una a una las fotos que permitirían dar a conocer la historia para los lectores al día siguiente.
Al menor intento de polémica de parte del jefe, la respuesta fue "no quiero hablar, si lo hago me voy a soltar y voy a valer madres", lo demás fue música del celular para distraer la mente y el corazón de la tristeza y para tratar de ser lo "más profesional posible". Después de buscar titulares para la portada y de terminar el trabajo, salió de la oficina y escurrieron lágrimas por la cara.
Una vez en el taxi, con más lágrimas en la cara, el jefe dijo "el ingeniero te felicitó por cómo vives tu pasión", eso provocó una acidez tremenda en la garganta y unas ganas espantosas de soltar el llanto completamente, pero eso no pasó.
Al llegar a casa, la cama fue el refugio, mientras esa tristeza sigue contenida.