Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

jueves, 13 de octubre de 2011

De Vuelta al Origen

Fue el sábado pasado, 8 de Octubre, volví a uno de los sitios en los que más tiempo pasé durante el final de mi infancia y donde pulí lo sueños de lo que ahora empiezo a tratar de ser. Las canchas de la Ciudad Deportiva. Rara vez toqué el balón ahí. Siempre he sido un mal jugador de futbol gracias a lo que siempre ha sido la única parte de mi cuerpo que no me gusta. El maldito pié plano marcó, por no decir traumó, mi infancia y me impidió hacer en un nivel digamos normal lo que cualquier niño hacía. Eso y la inteligencia y razonamiento que supuestamente poseo, y digo supuestamente porque a veces incluso yo pongo en tela de juicio mis capacidades, me hicieron un gran observador del futbol.

Las canchas y los asientos, las gradas de cemento en las cuales me asoleaba al lado de los padres de familia del club Unión, y luego Tuzos Unión, me hicieron escuchar y ver toda clase de cosas. Desde el tipo crudo que llevaba al niño para no tener que escuchar reproches hasta el jugador frustrado de futbol que por culpa del alcohol y las lesiones no había podido pasar las pruebas de algún club, regularmente eran el mismo tipo. También estaban las señoras que no sabían un demonio de futbol y sólo iban a gritar y a hacer bulto, ah, y a apoyar a los críos. Y desde luego, los padres aficionados que no hablaban de otra cosa que no fuera el partido y que siempre querían que su hijo destacara.

Yo por mi parte iba a apoyar a mi hermano menor, mi papá y el futbol siempre me hicieron ver que él era el mejor del equipo aunque los números no lo confirmaran, rara vez era el goleador, pero bueno, el amor de hermanos y lo poco que iba aprendiendo me decían lo contrario, él era el mejor de su equipo temporada tras temporada y sin darme cuenta yo estaba poniendo en él las esperanzas de lo que por causas ya mencionadas nunca podría ser.

Así pasaron años y años, yo iba bastante seguido a los partidos, de repente mi madre se unía al clan y la cosa se ponía bastante agradable. Desde ese entonces todos los padres preguntaban porqué no jugaba yo, la respuesta de mis padres al inicio era porque yo prefería leer, luego era porque yo era el técnico. Sin quererlo sus palabras tuvieron efecto y efectivamente, terminé creyéndome un director técnico. Me gustaba ponerme a platicar con mi papá y los padres menos pesados sobre lo que el equipo hacía, al inicio todas mis opiniones eran erróneas, luego fui entendiendo más y más y terminé teniendo casi casi la última palabra. Desde luego, siempre trataba de poner como el mejor a mi hermano y como el menos responsable cuando el equipo perdía las finales o salía goleado por algún equipo más grande.

Esas finales, benditas finales, parecían el presagio de lo que viviría cuando mi hermano decidió retirarse del futbol amateur. Luego les platico el porqué de su retiro, las malditas lesiones, al ser el más flaco y hábil con la redonda era el objetivo de las patadas rivales. Irónicamente, la lesión que mandó al demonio sus sueños de ser jugador de primera no se la ocasionó una patada de un rival, al menos no de manera directa. Fue en Guadalajara 2005, el mejor verano de nuestras vidas de no ser por esa pinche lesión. Con dos días de anticipación llegamos a la ciudad. Mi padre, mi hermano y yo. De manera graciosa yo me subí al camión de última hora el día que cumplí 14 años. Con una maleta improvisada y 22 horas de viaje llegué a la ciudad.
Resulta que en el primer partido se había perdido por 3-1 creo que contra un equipo de Xalapa. La actuación en general había sido mala y se mostraban síntomas de no adaptación a la altura de la ciudad. Sin embargo faltaban dos encuentros y la cosa no pintaba tan mal. Conste que dije pintaba. Para el segundo partido el marcador iba 0-0, era contra la Filial de Chivas en Guadalajara. En la madre. Mi hermano se sacó a dos rivales cerca de la media cancha, el tercero se barrió y lo eludió, la patada del cuarto también fue eludida y provocó la caída a un bache que había en el campo. Esa maldita patada eludida lastimó severamente su tobillo y entre lágrimas nos enteramos que no terminaba el partido. El tercer partido pretendió jugarlo a pesar del dolor, pero el entrenador notó que no estaba en condiciones por la lesión. Fue una tarde bastante larga a pesar del paseo en Tonalá.

De regreso a Villahermosa seguimos pasando el verano de viaje y bueno, a finales de agosto murió mi abuelo y ya no tiene sentido seguir hablando al respecto. El asunto es que para la siguiente temporada la lesión parecía haber sido superada. Iba cada semana a apoyar al crack de la familia y de repente a los entrenamientos. Tengo que decir que nunca me gustaron y menos me gustó cuando mi padre me hizo ir a entrenar. A los 11 años estuve una semana con el equipo de mi categoría. No aguantaba las vueltas al campo y la mayoría de los niños traían un nivel asquerosamente superior al mío. Nunca debuté porque estuve enfermo la siguiente semana y decidí no volver. Amaba y sigo amando el futbol, pero entrenar nunca ha sido lo mío.

Entonces la temporada era complicada. Los chicos eran un año menor que los de su categoría, y cuando tienes 12 años y el de enfrente 13 o 14 la diferencia se nota demasiado. Aún así alcanzó para llegar a semifinales. Luego a un torneo a Coatzacoalcos y de ahí el anuncio del retiro por el dolor. Nunca lo acepté, sencillamente porque todo era un cambio para mí. Dejaba mi colegio de toda la vida para ir a estudiar la preparatoria a la escuela más fresa del estado y mi hermano dejaba lo que yo más amaba. No más tardes mirando entrenamientos y no más sábados en canchas analizando el partido. Fue una época extraordinaria y bueno, gracias a él amé el futbol. Antes de que él jugara yo detestaba casi todos los deportes, pero la costumbre de ir a verlo y convivir con él me hizo enamorarme del deporte.

El sábado pasado volví a estar en esas canchas mirando a los niños y a las familias jugar. Y sí, muchos recuerdos llegaron a mi, el olor al pasto, los gritos de los entrenadores, las porras de los papás, los festejos infantiles, los vendedores y todas esas cosas que periodísticamente tienen poco valor. Pero para mí son lo más valioso que existe porque fue lo que durante años me hizo amar lo que espero que pronto me dé de comer. Gracias Futbol.

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