Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Gracias

Hoy es el último día del año 2011, -medio raro este comienzo, miran la fecha de la entrada y se dan cuenta en automático- honestamente esperaba que en este momento estuviese en otro sitio y en otras circunstancias. Pero una de las cosas, que a la buena y a la mala creo haber aprendido es que todo pasa por algo. Y bue, hay pasajes de este año que sigo sin entender del todo. Ya es demasiado choro, quiero escribir, creo que voy a escribir, para darle las gracias a todos los que de alguna u otra manera formaron parte de estos trescientos sesenta y pelos días y los compartieron, a la buena o a la mala conmigo.

Me gusta y tengo la asquerosa costumbre de hacer uso de mi memoria en todo momento, así es que todo lo empiezo de manera cronológica. Comenzó enero de 2011 y todo estaba tranquilo. Mi vida consistía en apoyarte a ti que me diste la vida, no tenías trabajo y eso hacía que no estuvieras del todo bien, te frustraba no poder darnos lo que materialmente piensas que te corresponde pero a mí honestamente eso no me importaba. Disfrutaba tenerte ahí todo el día como hacía 10 años no pasaba, era Enero y cuando menos podíamos compartir horas y horas haciendo algo que nunca nos gustó. Hacer arroz con leche y llevarlo a repartir junto con otras cosas más. Lo reconozco, de repente fue estresante y molesto. Pero por algo pasaron las cosas y quizás sirvió para compensar estos días que no podré estar en la casa por un reto profesional que por ahora me tiene la mente ocupada.

En enero también compartí tantas noches como pude con ustedes, esa bola de desconocidos twitteros y feisbuqueros de los que únicamente conozco lo que sus fotografías, voces y textos me permiten ver. Daba lo mismo si el show lo escuchaban en Tijuana, en Caracas, en Puebla, en Ciudad Juárez o en el fin del mundo. Éramos, -o cuando menos yo lo era- felices por hablar de deportes. Unos minutos hablábamos de la ahora destronada dupla Nadal Federer, el tío este Djockovic era apenas una esperanza junto a Andy Murray, nadie pensaba que ese serbio que recién ganaba la Copa Davis fuese a partírsela al español y al suizo. Por fortuna lo hizo y nos zafó del aburrimiento y la monotonía. El resto de la noche debatíamos sobre el Superbowl y yo menospreciaba como poseído al posterior campeón GreenBay, shows como el boxeo y la fórmula 1 cuando menos a mí me hacían sentir un villamelón.

Llegó Febrero y entendí que la fecha se acercaba. En mi cabeza sólo existía la duda, ¿cómo madre se los voy a decir? sí, mi plan era -y sigue siendo- irme a vivir al D.F. llevaba meses con la idea en la cabeza hasta que la solté en la mesa. Efectivamente fue mal recibida, sabía que así sería y nunca me sorprendí. Lo divertido es que pasé más tiempo pensando en eso y me olvidé que también tenía escuela acá. Tantas y tantas distracciones estuvieron a punto de cobrarme factura a fin de semestre.

En ese interesantísimo interludio entre Enero, Febrero y Marzo estaba también la idea de llevarme a tanta gente como pudiera al Vive Latino. Sigo pensando en que el viaje era una ganga, pero nunca hice las cuentas y el socio que me acompañaba en esa aventura terminó abortando y por más esfuerzos que hice no salió ningún camión rumbo al DF y con él se estancó mi primera meta. Justamente con ese viaje la meta de costearme mis primeros meses en mi ciudad se fue al carajo. Me costó un meco y la mitad del otro aceptarlo, pero lo tuve que hacer a sabiendas de que tendría que buscar trabajo en la aventura que sabía se haría realidad. Desde luego, mi mente seguía ocupada en eso y el show del fin de semestre en la universidad comenzaba a preocuparme. Sabía que ya tenía materias en riesgo de truene.

Justo en esos 3 primeros meses tuve muchas peleas con ustedes. Los consideré y los sigo considerando mis amigos, pero les confieso que en ocasiones llegaba a detestarlos. El hecho de que el tiempo que pasarámos juntos se la pasaban rompiéndome las pelotas hablando de mi cabello y de mi modo de vestir me tenía arto y en ocasiones se los dije. Nunca comprendí, ni comprenderé que me juzgaran por la parte más superficial de mi ser. Los había conocido y los apreciaba -los sigo apreciando- por ser personas diferentes así que su actitud me causaba un conflicto tremendo adentro que en muchas ocasiones me hizo alejarme para evitar odiarlos.

En la otra trinchera estaban ustedes. Los amigos con los que comenzaba a consolidar algo decente en base a salidas y clases voladas. Nunca lo había hecho de ese modo y les confieso -seguro ya lo saben- que esas idas al centro a vagar y a dejar que nuestra parte hippie se manifestara la disfruté como pocas cosas en la vida. So Sally can wait, she knows it's too late and we'll working on by, her soul slides away, but don't look back in anger, I heard you say. Ese coro -que espero esté bien escrito- se terminó por convertir en un himno para mí. Tantas y tantas idas contigo Lulú, contigo Obed y contigo Julia marcaron una época que jamás se me olvida. Daba lo mismo si eran al centro o a la hermana república de acatracan la colmena. El amor a la fotografía, a la buena música y sobretodo a nuestra compañía van a quedarse acá mucho rato.

Llegó Abril y muchas cosas se empezaron a decidir. El viaje al Vive Latino entró en su etapa terminal. Nunca se hizo porque que había interesados en ir pero no en pagar. Me sentí muy mal y comencé a buscar trabajo. No lo encontré y entonces acudí a mi última esperanza. Mis padres, quienes como pudieron me pagaron ese viaje de 2 días que terminó por hacer trizas mis sueños al no tener un puto sello que evitó que me quedara en mi ciudad para siempre. Por fortuna no me caí y entendí que todo pasaba por algo y que el año que entra volvería -y volveré- a intentarlo. El alivio llegó para toda esa tropa entre amigos y familiares que no querían que me fuera. Así es que la meta en ese momento era pasar al haiga sido como haiga sido el resto de materias. Los pleitos contigo seguían, pasabas por una mala racha y encontraste en mí al blanco en de los desquites. En varias ocasiones me retaste a golpes después de insultarme. Lo puedo decir ahora, pensé en hacerte algún daño irreversible apoyándome del primer objeto puntiagudo que me encontrara. Agradezco no haberlo hecho y tenerte ahora como el amigo que conocí el primer día que entramos a la universidad.

En ese Abril también pude mirar cara a cara a 3 personas de quien aprendí y sigo aprendiendo demasiado. Martín, Mauricio y Jorge. Llevaba años compartiendo opiniones sobre futbol y sobre periodismo deportivo con ustedes. Hasta que supe que iba a mi tierra y que ustedes estarían ahí. Así que me tomé el atrevimiento de pedirles una entrevista que me hicieron el honor de aceptar -y que creo que nunca salió al aire más que en algún blog auspiciado por google- ahí hablamos de todo. Si vía 140 caracteres me parecían grandes periodistas creo que cara a cara terminaron pareciéndome grandes personas. Hasta la fecha sigo sabiendo que cuento con ustedes y que siempre estarán ahí para aconsejarme.

Así terminaron esos primeros 4 meses, con tokines a diestra y siniestra. Llegó Mayo y francamente tengo que buscar el archivo de fotografías para recordar a quienes fueron protagonistas en ese mes. Ahora que miro las imágenes y veo que son escasas sólo me viene a la mente que pasé todos los exámenes que hice. En ese entonces tú seguías desesperado entregando currículums a diestra y siniestra para encontrar algún trabajo que te hiciera sentir más útil.

Llegó Junio y con él muchas cosas inolvidables. En los primeros días compartí con esos amigos momentos extraordinarios. Salidas para allá y para acá, daba lo mismo a donde fueran y a quienes fuéramos conociendo en el camino. Hasta que llegó aquel festival de Rock en el que hice alguna que otra estupidez que me provocó -y me sigue provocando- risas. En el último día yo fui solo. Sabía que me encontraría a los amigos de siempre y que sólo era cuestión de mirar con atención. Esa noche también te conocí a ti.

Francamente me dio mucha risa ver a un montón de scouts bailando reggea. Entre ese grupo -I&I- y el que seguía decidí ir a buscar algo de tomar, lo encontré y comencé a platicar con uno de ustedes. Hasta que apareciste con tu uniforme scout y después de algo de sano desmadre me pediste mi Facebook. Te confieso que nunca esperé nada hasta que comenzamos a charlar. En un día supe que podía pasar algo entre ambos y eso me ilusionó demasiado. Así que salimos y supe cosas de ti que -ahora puedo decirlo- me generaron demasiadas dudas. Pero pensé que era ahora o nunca y decidí seguir con el buen rollito que había entre los 2. Sin pensarlo al día siguiente estuve a punto de darte un beso a pesar de que tú tenías otra relación -para qué mentir, eso no me interesaba- y no lo hice por recordar algunas palabras que decían que era muy pronto. Así es que no te vi un día y supe lo que era extrañar a alguien. Dos días después te lastimé a ti que te volviste como mi hermana por no compartir contigo tu cumpleaños como te hubiese gustado. Igual esa noche la pasamos genial -o al menos yo la pasé genial- después de una tarde llena de nervios.

Recuerdo perfectamente bien la noche, era 18 de junio y había estado lloviendo durante la tarde. Me alisté para una cita contigo y con el rock y me llamaste para confirmar que iría. Así que llegué primero al show y me moría de nervios. Tardaste algunos minutos en llegar y cuando te vi te abracé y me sentí afortunado. Tras algo de rato en charlas estériles junto a más gente te pedí unos minutos. Casi por instinto te llevé a un sitio donde la luz me gustaba. Te dije algunas cosas por las que hasta ahora me sigo sintiendo bien y el resto me lo reservo. Fueron unos segundos que me parecieron horas y no paré de recordarlos en toda la noche. Te agradecí -y lo sigo haciendo- y después de charlas y abrazos me fui y te dejé sabiendo que el rock sería un buen compañero.

A la semana siguiente el teatro se cayó y bueno, no la pasé del todo bien. Así concluyó el mágico Junio. Llegó Julio y con él un cumpleaños medio insípido que fue adornado por una buena sesión de música en compañía de mis amigos. Luego llegó la mejor parte del año. 5 o 6 días después parti al DF para compartir junto contigo algo inolvidable. Domingo por la tarde, la cita, el Estadio Azteca, la oportunidad de ver a México Campeón del Mundo no podía ser desaprovechada. Tú Jesús, junto a tu hijo Diego ingresaron conmigo al Coloso y gritaron los 2 goles que dejaban a México como el mejor de la categoría. Suena fácil, pero todavía no termino de creer que fue verdad. Lo disfruté muchísimo y sé que para tu crío y para ti también fue una grata experiencia. Julio también las tuvo como protagonistas a ustedes, dos de mis mejores amigas me salieron con la noticia de que estaban embarazadas. Una armó el teatrito en 2 minutos para hacerme ver que había gente con problemas realmente importantes, cuando supe la verdad me mató de risa su creatividad y el modo en que supiste sostenerla. La otra lo dijo de verdad, de algún modo me extrañó que pasaras por algo así porque había muchos planes posteriores; sin embargo entendí que por algo pasaban las cosas y que sería una experiencia nueva para todos verte con un niño en el estómago.

Y llegó Agosto y los volví a ver a ustedes. Los engendros con los que sin querer queriendo he compartido una etapa importante en mi vida. Saúl, Johaly, Alberto, Cintli y Yolanda. Ese circulito de amigos del que me uno y me separo cada que el destino -y mi horario- lo deciden. Durante ese mes volvimos a compartir cosas  tan cotidianas como trascendentales. El desayuno al que casi siempre asisto con una dosis importante de antojo y sin el hambre que de seguro ustedes sí tienen y que tiene como protagonista al budín o a los sandwiches es sin duda alguna uno de mis momentos favoritos del día. Ahí compartimos la rutina diaria a la que sometemos nuestra vida y sin darnos cuenta le damos magia.

En ese mismo Agosto comencé una nueva aventura que fue apoyada -lo agradeceré eternamente- por quienes me dieron la vida. Ir a Tuxtla cada que una directiva y el futbol se pusieran de acuerdo fue lo máximo. Tengo que mencionarlos a ustedes, Luis, Gustavo y Martín porque de algún modo hicieron posible este contacto con el futbol de Primera División. También recuerdo a ese cúmulo de fotógrafos y reporteros que me compartieron junto a mí el tiempo que dura un partido de futbol para los que lo relatamos con palabras e imágenes. Esas tardes y noches detrás de un arco y adentro de una sala de prensa no se me olvidan nunca. Recuerdo con una sonrisa a la gente de prensa y mercadotecnia de Jaguares que siempre hizo todo por hacerme más fácil lo que llamé trabajo. A Rogelio, a Angélica y a las demás personas que lo hicieron posible Gracias.

En septiembre tuve la oportunidad de ser solicitado para cubrir el México Bárbaro, ahí seguí conociendo a más gente que enriqueció y apoyó la labor que desde hace algún tiempo hago en Rocksonico.com a ti Miguel te agradezco por haber valorado el trabajo que hago escribiendo y tomando fotografías y por tomarme en cuenta para dar a conocer el evento que con tanto trabajo organizaste.

Octubre fue el mes en el que ingresé a escribir al Diario Presente. Todavía no termino de conocer a la cantidad tan impresionante de gente que trabaja en esa máquina de sueños pero sí puedo agradecerle al licenciado -dudo que vaya a leer esto pero en fin- Héctor Damián Pérez por animarse a platicar conmigo y abrime la primera puerta, a Alfredo por conectarme con quien ahora es mi jefe, a Mauricio por haberme dado la oportunidad e irme guiando -hasta la fecha- en un camino que hasta la fecha no ha sido fácil, por los regaños y por los aplausos, espero poder corresponder a la confianza que de a poco se me va brindando, y desde luego a ese cúmulo de reporteros y fotógrafos con los que ya empiezo a compartir momentos importantes dentro de la labor que desempeñamos en la casa editorial.

Llegó noviembre y ahí te conocí a ti Ana. Colega fotógrafa a quien vi por primera vez en un partido de los Jaguares. No sabes mucho de futbol pero veo que te gusta la fotografía y es bastante bueno compartir gustos fuera del futbol, más que una colega de a poquito voy considerándote una amiga. Con el resto de fotógrafos y reporteros cuyo nombre apenas logro recordar las cosas terminaron muy bien. Todo eso que me habían dicho de que entre reporteros éramos mierdas no ha sido para nada cierto y es genial saber que puedo contar con ustedes cuando menos para hacer algún comentario referente al partido en turno.

Mención especial merecen aquellos entrenadores, árbitros y jugadores que involuntariamente fueron colaborando para que mi labor en el periódico sea más o menos satisfactoria. Antes de iniciar con esta labor leí gracias a algún colega que no era correcto hacer amistad, me es inevitable y algo de aprecio les guardo. Creo que ya vamos entendiendo que mi trabajo depende al 70% de lo que ustedes hacen adentro de la cancha porque es finalmente lo que yo relato horas más tarde.

Justo a fines de este mes te conocí a ti. Recuerdo bien el momento, yo me atascaba con mi cámara sacando y sacando fotografías y te vi con un montón de orates metaleros a quienes semanas antes había fotografiado de manera exclusiva. Me pediste una fotografía con ellos y sin problemas accedí porque no me costaba nada. A los pocos días la vi y no te miento cuando te digo que algo pasó adentro de mi. Me arrepiento de como pasaron las cosas porque de mí dependía que no estuviese tan mal el asunto. Pero bueno, todo pasa por algo y me sirvió para aprender más. A base de dolor y frustración, sí, pero al fin y al cabo el aprendizaje ya está.

Y ahora mismo sigo pensando en Diciembre, hoy es el último día y trato de recordar a la gente a quien conocí y no se me viene mucho a la mente. Podría mencionar a algunos futbolistas con quienes tuve el placer de platicar. Espero que pronto pueda volver a toparme con ustedes y hagamos una entrevista más en forma, al fin y al cabo de eso se trata. Diciembre también marcó un reencuentro con mis hermanos del rock esa bola de desconocidos -lo son porque apenas he cruzado palabra con ellos- a quienes veo cada que la música así lo decide.

A ti que me estás leyendo y que ya tuviste suficiente del 2011 y de mis letras te pido que entiendas que no es sólo un nuevo año lo que debe marcar un camino en tu vida. Para quienes somos futboleros la pauta la pueden dar 45 minutos. Para los melómanos la duración de una canción es suficiente. Y para las demás personas, una hora, un minuto o un día. El año nuevo no es más que el fin de un día y el inicio de otro y cada que eso pasa nos merecemos replantearnos lo sucedido para decidir si dejar que siga pasando o evitarlo.

Feliz 2012


jueves, 13 de octubre de 2011

Jugar a torturarnos

Vamos a jugar a torturanos
A hacer pedazos nuestra alma
A desmembrar el corazón
Con simples pensamientos

Es más, no juguemos
torturémonos
Cojamos el alma y tirémosla al suelo
Pisémosla y escupámosla

Nadie podrá defenderla
            La dignidad y el orgullo se habrán olvidado de la misión encomendada
El autoestima estará destruida

Miremos al amor propio
Y mandémoslo al demonio
Hagamos monumentos del defecto
Y lloremos en silencio

Vamos a seguir jugando
Hasta que el juego nos aburra
Hasta que el ego se vacíe
Hasta que la pena eyacule

Cuando el jarrón esté vacío
Cuando el alma esté rota
Entonces queridos torturadores
El juego habrá terminado

Podremos hacer recuento de daños
Jurar que nunca volveremos a jugar
Aunque muy en el fondo
Sepamos de la infidelidad del juramento

De Vuelta al Origen

Fue el sábado pasado, 8 de Octubre, volví a uno de los sitios en los que más tiempo pasé durante el final de mi infancia y donde pulí lo sueños de lo que ahora empiezo a tratar de ser. Las canchas de la Ciudad Deportiva. Rara vez toqué el balón ahí. Siempre he sido un mal jugador de futbol gracias a lo que siempre ha sido la única parte de mi cuerpo que no me gusta. El maldito pié plano marcó, por no decir traumó, mi infancia y me impidió hacer en un nivel digamos normal lo que cualquier niño hacía. Eso y la inteligencia y razonamiento que supuestamente poseo, y digo supuestamente porque a veces incluso yo pongo en tela de juicio mis capacidades, me hicieron un gran observador del futbol.

Las canchas y los asientos, las gradas de cemento en las cuales me asoleaba al lado de los padres de familia del club Unión, y luego Tuzos Unión, me hicieron escuchar y ver toda clase de cosas. Desde el tipo crudo que llevaba al niño para no tener que escuchar reproches hasta el jugador frustrado de futbol que por culpa del alcohol y las lesiones no había podido pasar las pruebas de algún club, regularmente eran el mismo tipo. También estaban las señoras que no sabían un demonio de futbol y sólo iban a gritar y a hacer bulto, ah, y a apoyar a los críos. Y desde luego, los padres aficionados que no hablaban de otra cosa que no fuera el partido y que siempre querían que su hijo destacara.

Yo por mi parte iba a apoyar a mi hermano menor, mi papá y el futbol siempre me hicieron ver que él era el mejor del equipo aunque los números no lo confirmaran, rara vez era el goleador, pero bueno, el amor de hermanos y lo poco que iba aprendiendo me decían lo contrario, él era el mejor de su equipo temporada tras temporada y sin darme cuenta yo estaba poniendo en él las esperanzas de lo que por causas ya mencionadas nunca podría ser.

Así pasaron años y años, yo iba bastante seguido a los partidos, de repente mi madre se unía al clan y la cosa se ponía bastante agradable. Desde ese entonces todos los padres preguntaban porqué no jugaba yo, la respuesta de mis padres al inicio era porque yo prefería leer, luego era porque yo era el técnico. Sin quererlo sus palabras tuvieron efecto y efectivamente, terminé creyéndome un director técnico. Me gustaba ponerme a platicar con mi papá y los padres menos pesados sobre lo que el equipo hacía, al inicio todas mis opiniones eran erróneas, luego fui entendiendo más y más y terminé teniendo casi casi la última palabra. Desde luego, siempre trataba de poner como el mejor a mi hermano y como el menos responsable cuando el equipo perdía las finales o salía goleado por algún equipo más grande.

Esas finales, benditas finales, parecían el presagio de lo que viviría cuando mi hermano decidió retirarse del futbol amateur. Luego les platico el porqué de su retiro, las malditas lesiones, al ser el más flaco y hábil con la redonda era el objetivo de las patadas rivales. Irónicamente, la lesión que mandó al demonio sus sueños de ser jugador de primera no se la ocasionó una patada de un rival, al menos no de manera directa. Fue en Guadalajara 2005, el mejor verano de nuestras vidas de no ser por esa pinche lesión. Con dos días de anticipación llegamos a la ciudad. Mi padre, mi hermano y yo. De manera graciosa yo me subí al camión de última hora el día que cumplí 14 años. Con una maleta improvisada y 22 horas de viaje llegué a la ciudad.
Resulta que en el primer partido se había perdido por 3-1 creo que contra un equipo de Xalapa. La actuación en general había sido mala y se mostraban síntomas de no adaptación a la altura de la ciudad. Sin embargo faltaban dos encuentros y la cosa no pintaba tan mal. Conste que dije pintaba. Para el segundo partido el marcador iba 0-0, era contra la Filial de Chivas en Guadalajara. En la madre. Mi hermano se sacó a dos rivales cerca de la media cancha, el tercero se barrió y lo eludió, la patada del cuarto también fue eludida y provocó la caída a un bache que había en el campo. Esa maldita patada eludida lastimó severamente su tobillo y entre lágrimas nos enteramos que no terminaba el partido. El tercer partido pretendió jugarlo a pesar del dolor, pero el entrenador notó que no estaba en condiciones por la lesión. Fue una tarde bastante larga a pesar del paseo en Tonalá.

De regreso a Villahermosa seguimos pasando el verano de viaje y bueno, a finales de agosto murió mi abuelo y ya no tiene sentido seguir hablando al respecto. El asunto es que para la siguiente temporada la lesión parecía haber sido superada. Iba cada semana a apoyar al crack de la familia y de repente a los entrenamientos. Tengo que decir que nunca me gustaron y menos me gustó cuando mi padre me hizo ir a entrenar. A los 11 años estuve una semana con el equipo de mi categoría. No aguantaba las vueltas al campo y la mayoría de los niños traían un nivel asquerosamente superior al mío. Nunca debuté porque estuve enfermo la siguiente semana y decidí no volver. Amaba y sigo amando el futbol, pero entrenar nunca ha sido lo mío.

Entonces la temporada era complicada. Los chicos eran un año menor que los de su categoría, y cuando tienes 12 años y el de enfrente 13 o 14 la diferencia se nota demasiado. Aún así alcanzó para llegar a semifinales. Luego a un torneo a Coatzacoalcos y de ahí el anuncio del retiro por el dolor. Nunca lo acepté, sencillamente porque todo era un cambio para mí. Dejaba mi colegio de toda la vida para ir a estudiar la preparatoria a la escuela más fresa del estado y mi hermano dejaba lo que yo más amaba. No más tardes mirando entrenamientos y no más sábados en canchas analizando el partido. Fue una época extraordinaria y bueno, gracias a él amé el futbol. Antes de que él jugara yo detestaba casi todos los deportes, pero la costumbre de ir a verlo y convivir con él me hizo enamorarme del deporte.

El sábado pasado volví a estar en esas canchas mirando a los niños y a las familias jugar. Y sí, muchos recuerdos llegaron a mi, el olor al pasto, los gritos de los entrenadores, las porras de los papás, los festejos infantiles, los vendedores y todas esas cosas que periodísticamente tienen poco valor. Pero para mí son lo más valioso que existe porque fue lo que durante años me hizo amar lo que espero que pronto me dé de comer. Gracias Futbol.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Juguemos a no ser nosotros mismos

Juguemos a adoptarnos de nuevo,
A decidir que no recordamos nuestra historia,
A crearnos una nueva identidad,
A jugar con el acta de nacimiento

Juguemos a actuar de otra manera,
A caminar abajo de la banqueta,
A viajar en el techo de los camiones,
A cambiar audífonos por bocinas

Juguemos a usar lo que nunca usamos,
A hablar como nunca hablamos,
A escuchar a quien nunca escuchamos,
A soñar lo que nunca soñamos,

Juguemos a dormir del otro lado de la cama,
A olvidarnos de la cabecera y de la almohada,
A usar la cobija sin la ropa como intermediario,
A despertar cuando solíamos descansar

Juguemos a entender el amanecer como el atardecer
A sentir la lluvia como el sol,
A calentarnos con la nieve,
A mojar la mente con el aire

Juguemos, sí,
A no ser quien creemos ser

Pero no juguemos demasiado,
Para poder recordar y volver,
A creer en lo que solíamos creer,
y a vivir como solíamos vivir

martes, 21 de junio de 2011

Dicen por ahí
que sólo hay una chance de gol real

que el atardecer sólo se ve una vez al día
que cada ola golpea y desaparece

que sólo hay un primer amor
que el debut sólo se da una vez

lunes, 2 de mayo de 2011

De esos días

Hoy es uno de esos días donde todo empieza con una tensa calma, miras al cielo y das las gracias porque sabes que todo podría ir peor.

Las palabras no logran ser bien articuladas y los problemas del ayer pasaron a ser de hoy, sin embargo pretendes, sí, pretendes relajarte aunque la espinita del "me puede cargar la chingada" sigue ahí, sales a la calle y no hablas ni contigo mismo.

Transcurre el día y descubres que la charla vanal con gente vanal ayuda a dibujar un día bastante vanal, menudo descubrimiento.

Entonces la tensa calma se vuelve un aguacero asqueroso, pasó algo que nadie, o más bien, todos menos tú sabían que podía pasar y todo se vuelve malo, los problemas se veían complicados, ahora son imposibles de resolver. Te lamentas y te la mientas y repites "puta madre, qué pendejo, carajo", te molestas demasiado y hacer por comentarlo. Pero peor aún, nadie te hace el menor caso.

Entonces decides alejarte y quedas ido, mirando al infinito, tratando de ser un ser paradojicamente inerte, sin vida, sin muerte, sin nada y sin todo, sólo el viento y tu cara.

Hasta que la bendita charla vanal te saca del idismo, o pretende hacerlo.

Sencillamente de esos días idos, inertes y sin sentido.

En la ventana

Estoy en la ventana al lado del mismo salón, supuestamente estoy en clase, una clase que me da bastante flojera tomar pero que tomo por no solicitar el examen ese.

El calor asecha, pero el viento equilibra, mientras el ventilador de techo paradójicamente refresca mis tobillos la ventana mete el viento hacia mi cara.

Frente a mi un edificio blanco bastante viejo, al otro lado la laguna, con un árbol que adorna el paisaje mientras el viento sigue soplando.

Adentro la vanalidad estalla, risas y más risas, no entiendo ninguna, honestamente esto me produce flojera, no entiendo mucho y por eso miro a la ventana.

Miro para imaginar qe estoy en otro lugar o que al menos este trance será más efímero, siento el viento y por lo menos pido ser él, libre, simplemente libre.

sábado, 26 de marzo de 2011

caminando voy

Caminando voy por la avenida
no sé si es de noche o si es de día
Caminando voy por la avenida
por el asfalto que diario da la vida

Caminando voy y alguien me mira
señala con el dedo y dice qué pandroso
trae el pelo largo y viste oscuro
delincuente, rebelde o desmadroso

Caminando voy hacia un entorno
donde te cuestionen antes de gritar
debatiendo y generando historias
sin cesar buscando la verdad

Caminando voy y no lo encuentro
un espejismo color rojo atardecer
no me explico que sucede
a donde voy y a donde iré

Caminando voy y no me canso
no me alcanzo a detener
mis pies se han fundido en negro
negro asfalto han de tener

Caminando voy por la avenida
gritando que busco la verdad
caminando busco una salida
caminando al fin del caminar

Caminando voy me y así me dicen
así es la vida coronel
aunque no vista de militar
un día acabará en el gran cuartel

Caminando voy y caminando vengo
caminando en busca de verdad
quiero encontrar lo que no tengo
para poder el sol tocar

Caminando voy mientras me gritan
míralo como camina
Caminando voy mientras me miran
un día se debe de cansar

Caminando voy no me detengo
caminando debo de mirar
un amanecer distinto del que vengo
un amanecer digno de mirar

Caminando voy y no me explico
porque sigo sin cesar
como el carpintero con el pico
pues me quiero resguardar

Caminando voy por la avenida
que me he trazado en esta vida
con mil bajadas y subidas
con mil modos de caminar

sábado, 26 de febrero de 2011

salga del auto

Salga del auto
lo vamos a revisar
salga del auto idiota
algo malo debe de cargar

desperté aquella mañana
con las palabras del soldado
con la fusca como caña
para tenerme azorrillado

su uniforme verde militar
me produjo mucho asco
tuve ganas de gritar
¡qué madre pasa en tabasco!

Sin embargo la pistola me detuvo
sabía que si me alteraba
el plomo generaría el abuso
con la sangre derramada

en el asiento del copiloto
abra su mochila porfavor
este tipo está muy loco
cree que traigo un cargador

el arma larga apuntando al cofre
si te mueves te baño a plomo
a tu familia dejo muy pobre
y con agujeros en el lomo

¿qué hemos hecho pregunté?
baje del auto contestó
y no intente correr
porque la muerte ya lo encontró

salga del auto en este instante
somos los del poder
que te tiene agonizante
y destroza todo el ser

sábado, 19 de febrero de 2011

noticias

me despiertan balas
no es año nuevo
es muerte nueva
son ángeles con cola y sin alas

me enseñan el periódico
y miro la portada
¡fue un mayaticidio!
dice la hoja ensangrentada

prendo la televisión
que dice que hay mucho muerto
y tengo la sensación
de que seré uno de ellos

35 muertes en 3 horas
dice oscar mario keroseno
que nunca dijo guerra
dijo el presidente del gobierno

qué tal que hubiera dicho
digo en mis adentros
no es sino un mal bicho
el pelón que volvió por sus fueros

jueves, 3 de febrero de 2011

La historia de la infamia

Una historia infame

Infame eres tú, infame soy yo e infame es esta historia, vaya infamia.

Esta es la historia de la infamia, sí, de la infamia más sublime que alguna vez habitó esta tierra sin sentido, la infamia más sublime no tenía pies ni cabeza, sólo un cuerpo, un cuerpo sublimemente infame.

Pero, ¿qué es infame?

Infame puede ser cualquier persona de esas que pueden todo y no tienen nada, ¿tú eres infame?
¿Infame? Es aquella persona que miente, alardea de lo que no tiene o simplemente carece,  es un ser capaz de tener más de una cara para mostrar al resto y que se crea que es lo que en realidad no es.

A lo mejor sí y tal vez no lo sepas nunca. Infame soy yo, infame eres tú, palabra acobardada encaminándonos a sublimes pensamientos que llevamos en el alma, ¿por qué sentirnos infames si podemos ser distintos? Hay que pensar que las situaciones se cruzan en el camino.
Todos, todos somos infames, ¡por Dios! ¿De qué se trata? Todos llegamos a un punto en que nuestra vida no tiene motivo alguno y sólo nos queda ser infames ante todo y ante todos.
Claro, la infamia, pero ¿si todo el mundo es infame? ¿qué es? ¿a qué llamamos infamia e infame? Una pregunta difícil pues no le dedicamos el tiempo suficiente a un concepto tan importantemente infame.

Y entonces ¿qué demonios es la infamia?

Quizás puede ser lo mismo que infame, no lo sé, pero la infamia es una palabra fuerte y mala que puede apoderarse de uno si no se sabe ir por el buen camino.

Pero la historia de la infamia no habla de ti, sino de una persona que con paso veloz se encamina en una callejuela de olor nauseabundo, rascando con la uña de su dedo medio la herida fresca que corre por la mejilla izquierda como el rubí más precioso, a fin de cuentas una persona infame suele confundir un grano facial con un rubí precioso, vaya infamia.

¿Y para eliminarla?

Cada quien cataloga a la infamia a su manera, pero se debe ir más allá de un simple término, hay que dejarse llevar y explotar todo el potencial que tenemos, en todos los infames ámbitos de nuestra vida y con todas esas infames personas, sólo así lograremos hacer a un lado la infamia.

Infame eres tú, infame soy yo e infame fue esta historia, vaya infamia.