Crócknicas Arácknidas. De la vivencia al relato.

domingo, 21 de marzo de 2010

Crócknica Genteral


La Crócknica Genteral

Por El Araña Azul (Angel Castellanos)

Desperté en aquella muchedumbre un viernes por la noche.

Parecía un viernes cualquiera, me preparaba para ingresar al lugar, un espacio abierto tremendamente grande, antes había comprado mi playera de Fobia, nunca antes había comprado nada así en un concierto, regularmente el dinero de mi cartera no alcanzaba o estaba destinado a mi partida, sin embargo, ese día cambió todo.

El ambiente era diferente, no hacía el calor acostumbrado para un concierto así, sentía que las cosas no sería iguales a partir de ese momento, un tipo con uniforme de policía y un detector de metales me hace la seña de que pase y después de esculcar cada parte de mi cuerpo me autoriza la entrada, el detector sonó un par de veces, afortunadamente se dio cuenta que se trataba de un celular y una cartera con algunas monedas.

El aire se respiraba de otra manera, de repente, algo en mí me dijo que había demasiada gente, mi alma no lo notaba y mi mente seguía dormida, hasta que ingresé a la muchedumbre sentí un profundo despertar y entonces, abandoné mi cuerpo para fundirme con la multitud, todavía no empezaba el concierto, el sol no había salido y no pensaba hacerlo, pero el calor humano estaba brutal, mis viejos lentes empañados y un miedo a morir ahogado me precavían.

Delante de mí estaba el escenario, el viejo refugio de los que nadie entiende, de aquel baterista que había abandonado su hogar porque a nadie en esas cuatro paredes le gustaba su escándalo, de aquel guitarrista que venía de un pueblito con la noticia de que era el único allá que sabía quien era Gustavo Ceratti, de un bajista que venía de una ciudad lejana con la misión de ser alguien en tierra de nadie, y de un vocalista que orgulloso presumía sus participaciones en el coro del colegio.

Había también dos pantallas desde las cuales miraba algunos videos desconocidos… -¡Qué pedo wey!- ah, un viejo amigo me saludaba, de inicio me costó trabajo reconocerlo, hasta que con cara de asombro me dijo “¿No te acuerdas de mí verdad?”, -Si carnal, claro que me acuerdo de ti, como olvidar los vidrios quebrados en la ventana de mi cuarto- jajaja comenzó a reír, -si claro, ¿oye, no te regañaron mucho ese día?- no para nada, por suerte los fuimos a comprar ese día—me preguntó que en donde estaba estudiando, que qué había sido de mi vida, que si me gustaba el rock, le dije que estudiaba la universidad allá por la laguna, que el rock era una enfermedad que nunca me habían podido quitar, ambos reímos y nos dispusimos a mirar los videos de las pantallas, de repente, un “cae la noche y amanece en parís, en el día en que todo surgió” nos hizo recordar el quinto de primaria cuando gracias a otro amigo escuchamos por primera vez la canción y ambos sonreímos como diciendo qué tiempos aquellos.

¡Ay! ¡Órale no empujen así! ¡Tranquilos! Los fuertes empujones hicieron que no lo volviera a ver en toda la noche, no logré pedirle su teléfono y seguro no me lo vuelvo a encontrar nunca, a que caray, bueno, hablé con un amigo que hacía años que no veía, no podía pedir nada más…

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